“Dios, el mal y otros ensayos”

Dios, el mal y otros ensayos, Manuel Fraijó, 2004, es un libro interesante, ameno y profundo. Proporciona información desde diferentes ángulos, denuncia en alguna ocasión los errores de la Iglesia, habla sobre guerras pasadas e injusticias presentes, apuesta por una verdadera actitud cristiana, tan ausente en estos días, y muestra un profundo respeto por la figura de Jesús (en mi opinión, un tanto exagerado, si se me permite, especialmente para el lector no creyente). Con todo, es un libro escrito con fuerza, humildad, poesía y sabiduría, que aporta nuevos enfoques sobre la religión, el mal, Dios, el cristianismo y dos figuras claves de la teología: Rudolf Otto (1869 – 1937) y Wolfhart Pannenberg (n. 1928).

La Introducción habla sobre el deseo de “no morirse del todo”. Fraijó confiesa estar más cerca de Unamuno que de Ortega. Unamuno escribe en 1912: “No quiero morirme, no; no quiero, ni quiero quererlo; quiero vivir siempre, siempre, siempre, y vivir yo, este pobre yo  que me soy y me siento ser ahora y aquí, y por esto me tortura el problema de la duración de mi alma, de la mía propia.” (Del sentimiento trágico de la vida en los hombres y en los pueblos). Sobre el mal, Voltaire (un antisemita imperdonable) apunta que Dios se preocupa tanto por la felicidad de los seres humano como el capitán por las ratas de su barco. Rousseau, en cambio, justifica a Dios.

El capítulo 1 trata sobre el problema del mal. “El cristianismo ante el enigma del mal. Carta a un amigo increyente”. Es una carta a Javier Muguerza, que se define a sí mismo como “increyente”. Referente al problema del mal, David R. Blumenthal sostiene la tesis de un “Dios cruel”, lo que me parece bastante lúcido.

Personalmente, pienso que la religión nunca ha sabido dar una respuesta satisfactoria y mínimamente convincente al problema del mal en nuestro mundo y en nuestra historia, pasada y presente. Creo que si pensamos por un momento en la Shoah (el Holocausto) (tomando como ejemplo el mayor crimen contra la humanidad), podemos llegar fácilmente a la conclusión de que Dios, si existe, no es omnipotente, o de que, si existe, es omnipotente y verdaderamente malvado y cruel, o de que, simplemente, no existe. Estas tres opciones (especialmente la última) me parecen dar una explicación mínimamente coherente al terrible problema del mal.

El capítulo 2 (“La resurrección de Jesús desde la filosofía de la religión”) intenta “justificar”, de alguna manera, el mal en este mundo. El cristianismo no tiene sentido sin la resurrección de Jesús. El acto final daría justicia a las víctimas. En mi opinión, esta tesis, siguiendo a Hume (On the immortality of the Soul, escrito en 1755, publicado anónima póstumamente en 1777) parece muy poco probable. Feuerbach, Nietzsche, Freud, Sartre, Bertrand Russell y Michel Onfray, cada uno a su manera y con su peculiar chispa, condenan esta “ilusión”, “farsa”, “engaño” y “sinsentido” de la tradición cristiana.

Los capítulos 3 y 4 (“Jesús y la libertad” y “El compromiso de Jesús con la sociedad”) nos muestran a un Jesús bueno, pacifista, lleno de amor y tolerancia, figura que se contradice, en mi opinión, con varios pasajes del Nuevo Testamento:

“No penséis que he venido a traer la paz sobre la tierra. No he venido a traer la paz, sino la espada. Sí, he venido a enfrentar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; y enemigos de cada cual serán los que conviven con él” (Evangelio según San Mateo, 10, 34, 35, 36).

“El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. El que no toma su cruz y me sigue detrás no es digno de mí. El que encuentre su vida la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará (Evangelio según San Mateo, 10, 37, 38, 39).

“El que no está conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama (…) ¡Generación malvada y adúltera! (…) Porque del corazón salen las intenciones malas, asesinatos, adulterios, fornicaciones, robos, falsos testimonios, injurias. Eso es lo que contamina al hombre (…) ¡Oh, generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo habré de soportaros?” (Evangelio según San Mateo, 11, 20 & 12, 30, 39 & 15, 19, 20).

La libertad es un riesgo, no todos pueden soportarla; por eso la Iglesia ha reemplazado la libertad por autoridad. Fraijó rinde homenaje a Spinoz, cuya teoría de la libertad fue calificada de “hipótesis monstruosa”. Un ser libre es un ser “que vive sólo según el dictamen de la razón” (Ethica ordine geometrico demostrata, 1665 – 1675). Fraijó escribe que somos limitadamente libres; o somos radicalmente libres, pero no absolutamente (a diferencia de Sartre, para quien el ser humano es, ante todo y puramente, libertad). En L’existencialisme est un humanisme (1946), Sartre sostiene que el ser humano es un proyecto y es responsable de lo que es. El existencialismo hace recaer en el individuo la responsabilidad total de su existencia. El existencialismo piensa que es muy incómodo que Dios no exista. Todo está permitido si Dios no existe, y el ser humano está abandonado. No hay excusas. El ser humano es libre, es libertad. Esta libertad total otorga al ser humano una responsabilidad total.

En el capítulo 4 hay una cita de Borges: “Para mí la muerte es una esperanza. Yo espero … morir enteramente, en cuerpo y alma, y ser olvidado también… no pienso en la muerte con temor”.

El capítulo 5 (“Realidad de Dios y drama del hombre”) habla sobre el “humanismo ateo” y cita a Marx, Feuerbach (“Si el hombre no tuviera que morir, no habría religión”), Freud y Camus (“Lo urgente es curar”), entre otros. A mi juicio, es uno de los capítulos, filosóficamente hablando, más interesantes.

El capítulo 6 (“Dios: ¿problema o misterio?”) cita a Kant (Dios es un postulado, un deseo) y a Heidegger (“Mi filosofía es un estar a la espera de Dios”). Fraijó sostiene que los filósofos callan sobre Dios. Según Fraijó, Dios es problema (a diferencia de Pannenberg), puesto que no hay seguridad de su existencia. Fraijó concluye diciendo que el problema de Dios no tiene solución, porque, de lo contrario, ya estaría resuelto. El término “misterio” se refiere a lo secreto e inaccesible. A propósito de “misterio”, Russell apunta: “Religion is based, I think, primarily and mainly upon fear (…) Fear is the basis of the whole thing -fear of the mysterious, fear of defeat, fear of death. Fear is the parent of cruelty, and therefore it is no wonder if cruelty and religion has gone hand-in-hand” (Why I am not a Christian).

En el capítulo 7 (“Satán en horas bajas”), Fraijó hace una descripción magistral sobre la figura de Satán y su influencia para los creyentes en la historia. Fraijó parece concluir que Satán es un mito: “Satán fue en el Antiguo Testamento un mito que, como todos los mitos, alivió tensiones y ayudó a explicar grandes enigmas. Nada más y nada menos, que un mito” (pág. 234).  Yo me pregunto: ¿No resulta sospechoso que Dios sea una “realidad” y Satán, un “mito”? Para el ateo, ambos son un sinsentido. ¿Por qué Dios iba a ser real y Satán un mito? Es un capítulo donde se critica a la Iglesia y la macabra quema de brujas y herejes, y la práctica de los exorcismos, que mató a 1 millón de personas. La última práctica de exorcismo se realizó en Alemania en 1976, donde, tras varias sesiones (con el consentimiento del obispo de Wurzburg) una joven llamada Anneliese Michel murió. En mi opinión, todas estas barbaridades no se produjeron en nombre del diablo, sino en nombre de Dios. Los verdugos fueron gente religiosa que quemaron, torturaron y mutilaron en nombre de Dios, no del diablo. Hoy en día, en pleno siglo XXI, esta obra sigue, no con torturas y asesinatos, sino con censura y exclusión. ¿No parece extraño culpar al diablo y excusar a Dios?

El capítulo 8 está dedicado a Rudolf Otto y su libro Lo santo. Lo racional y lo irracional en la idea de Dios (Das Heilige: Über das Irrationale in der Idee des Göttlichen und sein Verhältnis zum Rationalen), publicado en 1917 con gran éxito y acogida. Fraijó muestra un gran respeto y admiración por Otto.  Según Fraijó, Otto acertó con la palabra y la protesta justas. La misión de Otto es rescatar la categoría de lo santo, más allá de la ética y la razón.  Lo santo es lo “numinoso”, algo que aterra y estremece, atrae y fascina. La religión no brota de la necesidad (Bedürfnis) sino de la experiencia, de la vivencia (Erlebnis).

El capítulo 9 (“Wolfhart Pannenberg: fe y razón”) está dedicado a Pannenberg, por quien Fraijó muestra una gran admiración. En 1961 Pannenberg publica La revelación como historia (Offenbarung als Geschichte). Fraijó define a Pannenberg como el Rahner de la teología protestante. Pannenberg fue influido por Hegel y Dilthey. Su teología es ascendente: desde la realidad humana hasta Dios. Pannenberg, al igual que Otto, al igual que Hegel, defiende la superioridad del cristianismo respecto a las otras religiones, lo que me parece cerrado, reduccionista, bajo y peligroso.

Personalmente, me impresiona que se le atribuya a Pannenberg el diálogo de la razón con la fe, cuando el trasfondo que él defiende es claramente religioso. Para los que no somos creyentes, el protestantismo se nos muestra realmente duro. Lutero, por otro lado, era antisemita (escribió en 1543 Sobre los judíos y sus mentiras, una anticipación, para muchos, de las barbaries cometidas al pueblo judío en la Segunda Guerra Mundial). El antisemitismo de Lutero, su desprecio por el hombre y su obsesión por el pecado no me merecen ninguna simpatía.

Pannenberg defiende el ecunemismo, lo que me parece muy positivo. Pero él continúa siendo protestante. ¿Por qué no es capaz de hacer una síntesis de las dos religiones? Si fuera un filósofo, cogería un poco de la religión católica y otro poco del protestantismo. Las religiones tienden a ser herméticas, por eso, en mi opinión, se hallan en el extremo opuesto de la filosofía, la cual siempre permanece abierta, nutriéndose de diferentes corrientes. La filosofía es, sobre todo, libertad.

Considero criticable que Pannenberg, siendo heredero de la barbarie alemana no se haya dedicado al problema del mal tomando el Holocausto como ejemplo. Hablar de Dios, de Cristo, de moral, de la Biblia y no mencionar la barbarie alemana es extremadamente incoherente e injusto, después de tanta sangre y atrocidad. Otros pensadores dedicaron su vida a estudiar el fenómeno de la Shoah, del mal y de la barbarie cometida por el ser humano con el consentimiento de Dios: Hannah Arendt (casi toda su obra), Primo Levi (Se questo è un uomo, 1947), Viktor Frankl (El hombre en busca de sentidoEin Psychologe erlebt das Konzentrationslager, 1946). Adorno escribió que después del Holocausto era imposible escribir poesía, y, posiblemente, es verdad. Es muy significativo que la mayor literatura y crítica del Holocausto haya sido escrita por las víctimas, y no por los verdugos.

La Iglesia católica jugó un papel importantísimo en el Holocausto (1933: Reichskonkordat: pacto del Vaticano con Hitler, con Pío XI como papa). Pío XI (1857 – 1939, proclamado papa en 1922) fue un protector del fascismo y un gran admirador de Mussolini. Pío XII (1876 – 1958, proclamado papa en 1939) no dijo ni “pío” en favor de las víctimas, cuando podría haber salvado a millones, solo pronunciándose abiertamente en contra de la barbarie alemana. Los alemanes protestantes apenas “protestaron” por las atrocidades que se cometían día a día, con el apoyo y colaboración de la gente común. En mi opinión, Pío XII mató a Jesús, pues Jesús, al igual que los 6 millones de hombres, mujeres y niños judíos masacrados, fue judío. El respeto por la figura de Jesús debería al menos haber despertado el respeto por las víctimas judías que eran deportados hacia las cámaras de gas. Si Jesús hubiera vivido en los años 40, sin duda hubiera sido gaseado, con el consentimiento de Pío XII. Pío XII y todos los católicos y protestantes que no se pronunciaron en favor de las víctimas gasearon también a Jesús. Y junto a Jesús, al ser humano común. Y junto al ser humano común, a toda la humanidad. Paradoja anacrónica que Pannenberg no ha parecido tener en cuenta.

Dios, el mal y otros ensayos es un libro para creyentes, increyentes, agnósticos, ateos, religiosos, teólogos y filósofos. Cada uno encontrará en sus páginas un pedacito que le hará pensar y reflexionar sobre temas tan importantes como Dios, la inmortalidad, la finitud, la muerte, la ética y la libertad.

Antonia Tejeda Barros, Madrid, 20 de febrero de 2012

El Vaticano con las manos sucias y ensangrentadas, 1933.

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About Antonia Tejeda Barros

Mother of three, sister, wife, Holocaust researcher (Tiergarten 4 Association, Berlin), Doctor in Philosophy (UNED, Madrid, cum laude), MA in Philosophy (UNED, cum laude), Bachelor of Music (Early Music, Recorder and Pedagogy, Koninklijk Conservatorium, The Hague), fibromyalgia warrior, and Woody Allen & Golda Meir fan
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4 Responses to “Dios, el mal y otros ensayos”

  1. Antonio's avatar Antonio says:

    No, pero lo buscaré. Interesante respuesta de
    Fraijó a tu nota. Bravo por tus preguntas, y por compartirlas¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡

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  2. Hola Antonio:
    muchas gracias por tus comentarios. Sobre Savater, te cito un trozo de otro post que escribí hace algún tiempo:

    “Para Savater, no hay nada más fácil que amar a la Humanidad en abstracto, después de todo uno nunca tropieza con doña Humanidad; lo difícil es respetar a los otros seres humanos, especialmente si son diferentes a nosotros. Respetar al prójimo que se nos parece es obvio, pues equivale a respetarse a sí mismo; lo complicado es respetar al ‘diferente’. Por eso, a mi juicio, no todos los partidos políticos que existen en los sistemas democráticos son éticos. Los partidos de ultraderecha y de derecha (aunque hayan sido votados) son, con su lucha contra el inmigrante y sus discursos racistas y excluyentes, anti-éticos. Savater dice en su genial libro ‘Los 10 mandamientos en el s. XXI’: “Frente a la máxima (que se oye mucho) “todas las opiniones son respetables”: esto es una tontería. Quienes son respetables son las personas, no las creencias. No se pueden respetar las ideas totalitarias, racistas, excluyentes, que violen los derechos humanos (…) No se puede respetar a los irrespetuosos”. Estoy totalmente de acuerdo.”

    Te paso el link del post: https://antoniatejeda.wordpress.com/2010/07/13/etica-politica/

    No sé si habrás leído este libro de Savater (“Los 10 mandamientos en el s. XXI”). Es buenísimo. Creo que te gustará.
    Un abrazo,
    Antonia

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  3. Antonio's avatar Antonio says:

    Te respondo desde aquí al correo, para coincidir contigo en lo referente a que todas las ideas no son respetables, – Savater-, Si lo miras desde el punto de vista de la religión, puedes observar que todas esas ideas comparten con lo peor de las religiones una cosa en común: Un fanatismo etnocéntrico bestial que sólo busca la eliminación de quienes no piensan como ellos. Acuérdate de Calvino con Miguel Servet, quiso quemar todos sus libros para no sólo hacer desaparecer su cuerpo, sino su recuerdo. Y en esas estamos.
    Un increyente abrazo.

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  4. Antonio's avatar Antonio says:

    Me gusta lo de increyente, me lo pienso apropiar,¡¡ a ver porqué Muguerza sí y yo no¡¡, gracias

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