¿Qué es la filosofía? / Por Jaspers

 “Qué sea la filosofía y cuál es su valor, es cosa discutida. De ella se esperan revelaciones extraordinarias o bien se la deja indiferentemente a un lado como un pensar que no tiene objeto. Se la mira con respeto, como el importante quehacer de unos hombres insólitos o bien se la desprecia como el superfluo cavilar de unos soñadores. Se la tiene por una cosa que interesa a todos y que por tanto debe ser en el fondo simple y comprensible, o bien se la tiene por tan difícil que es una desesperación ocuparse con ella (…) Estamos ciertamente mucho más adelantados que Hipócrates, el médico griego; pero apenas podemos decir que estemos más adelantados que Platón (…) Hay que aceptar la exigencia de que la filosofía sea accesible a todo el mundo (…) Una maravillosa señal de que el hombre filosofa en cuanto tal originalmente son las peguntas de los niños (…) Quien se dedicase a recogerla, podría dar cuenta de una rica filosofía de los niños (…) Los niños poseen con frecuencia una genialidad que pierden cuando crecen. Es como si con los años cayésemos en la prisión de las convenciones y las opiniones corrientes … perdiendo la ingenuidad del niño (…) Hay una verdad profunda en la frase que afirma que los niños y los locos dicen la verdad (…) La filosofía es indispensable al hombre (…) No hay manera de escapar a la filosofía (…) Quien rechaza la filosofía, profesa también una filosofía, pero sin ser consciente de ella (…) La búsqueda de la verdad, no la posesión de ella, es la esencia de la filosofía (…) Filosofía quiere decir: ir de camino. Sus preguntas son más esenciales que sus respuestas, y toda respuesta se convierte en una nueva respuesta (…) La filosofía no puede luchar, no puede probarse, pero puede comunicarse. No presenta resistencia allí donde se la rechaza, ni se jacta allí donde se la escucha. Vive en la atmósfera de la unanimidad que en el fondo de la humanidad puede unir a todos con todos”.

Karl Jaspers, Einführung in die Philosophie (1949)

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Culture & Imperialism

Edward Wadie Said nació en Jerusalén en 1935. Sus padres eran palestinos cristianos protestantes. Said vivió en Palestina, Egipto, Líbano y EEUU, sintiéndose siempre como un exiliado, “fuera de lugar”. Según su fascinante autobiografía “Out of place. A memoir” (1999), Said siempre vivió en dos mundos: el árabe y el europeo-norteamericano. Said escribe que todo ser humano vive en una lengua (“in a given language“). Para él, la mayor separación de su vida fue la de su lengua materna (el árabe) y la lengua de su educación y profesión (el inglés). Su madre contribuyó, según Said, a esta “confusión”, ya que le hablaba en árabe y en inglés. El apellido de Edward Said era árabe (nunca supo de dónde vino) y su nombre era inglés. Said siempre se sintió incómodo con su nombre inglés y su apellido árabe. Su padre se llamaba Wadie Ibrahim, luego (tras emigrar a los EEUU), William A. Said. Su madre nació en Nazaret y estudió en Beirut; era de madre libanesa. Said tuvo una brillante carrera como profesor de literatura inglesa y comparada en la Columbia University y como escritor. Publicó una veintena de libros. Tuvo una fascinante vida como crítico político e intelectual. Fundó junto a Daniel Barenboim la West-Eastern Divan Orchestra, fruto de la Barenboim-Said Foundation: “Our language: music; our aim: coexistence amongst cultures“: un proyecto que reúne a niños y jóvenes músicos de Israel, Palestina y los países árabes vecinos. Said fue pianista y escribió sobre música. Murió relativamente joven, a los 67 años, en el 2003, tras una larga lucha contra la leucemia.

Culture & Imperialism fue publicado en 1993. Siguiendo la línea de su explosivo Orientalism (1978), admirado y criticado tanto por occidentales como por “orientalistas” (traducido a 36 lenguas), Culture & Imperialism habla de la separación entre la cultura y la sociedad occidental (a la que Said, en un gesto crítico, califica de “us“) y la cultura y la sociedad oriental (de las antiguas colonias y de Oriente Próximo), calificadas peyorativa y desconfiadamente de “them“. Said escribe: “This is a book about the past and the present, about ‘us’ and ‘them'”.

Said analiza las obras, visión e influencia de grandes escritores coloniales y postcoloniales: Joseph Conrad (1857 – 1924): imperialista y anti-imperialista, se mueve entre ambas posturas; Rudyard Kipling (1865 – 1936): defensor del imperio, políticamente controvertido; Jane Austen (1775 – 1817); Albert Camus (1913 – 1960): nacido en Algeria, denunció las injusticias hacia los musulmanes en África del Norte y apoyó a los españoles republicanos: “Une réponse: la révolte”; William Butler Yeats (1865 – 1939)…

En el prefacio de 2003 de Orientalism, Said escribe que su libro es sobre cultura, ideas, historia y poder, más que sobre política en Oriente Próximo. Said denuncia la segunda Intifada, las injusticias del gobierno israelí hacia la población civil, los terroristas suicidas y el fracaso del proceso de paz de Oslo.

En Culture & Imperialism, Said describe un patrón general de las relaciones entre Occidente y sus colonias. Los europeos conquistan territorios y pueblos lejanos. Los “conquistadores” describen Oriente como “misterioso” y usan estereotipos de los pueblos conquistados. Occidente cree estar trayendo “civilización” a los pueblos “primitivos” o bárbaros (la división entre “us” y “them” se remonta a los griegos: griegos versus bárbaros). Occidente cree tener el “deber” de matar o castigar cuando los pueblos “primitivos” se portan mal o se rebelan (según los imperios, lo único que “ellos” entienden es la violencia). El imperio parece estar diciendo: “ellos no son como nosotros, y por esta razón merecen ser conquistados”.

Según Said, la forma cultural más influyente en los imperios y colonias es la novela. Las naciones son narraciones: “Nations are narrations”. El poder de narrar y el poder de impedir que otras naciones se expresen es primordial para la cultura y el imperialismo. Cultura y forma estética derivan de la experiencia histórica. La cultura es un concepto que suaviza las brutalidades de una época. Cuando uno lee a Dante o a Shakespeare, se queda con lo mejor de la época. Pero la cultura es también una identidad: se asocia a la nación y esto puede conducir a los nacionalismos, a los separatismos, al “nosotros” y “ellos”.

La mayoría de los humanistas, según Said, es incapaz de hacer una conexión entre la esclavitud, el colonialismo y el racismo, y la poesía y la filosofía.

En 1998 Said escribe Apocalypse Now (publicado luego junto a Noam Chomsky en Acts of Aggression), donde denuncia la Guerra del Golfo, la hipocresía de la ONU y la prepotencia de EEUU.

Afortunadamente, el mundo ha cambiado desde los tiempos de Conrad y Dickens. La inmigración y la globalización han hecho que surjan muchas voces que desean ser oídas. Said escribe que estas voces ya estaban ahí, en el tiempo de las colonias, y que la interpendencia cultural entre colonizador y colonizado ha existido siempre. Esto es esencial para comprender el mundo de los siglos XIX y XX. El británico y el francés veía India o Argelia con familiaridad y distancia al mismo tiempo. Said centra su análisis en los imperios británico y francés (siglos XIX y XX) y el imperio norteamericano (potencia mundial tras la descolonización de los imperios británico y francés). Said critica fuertemente los errores de EEUU (Vietnam, Guerra del Golfo…) y subraya que las injusticias herederas de los imperios se repiten.

Hay “identidades” que no son sólo de un determinado pueblo o nación, sino del mundo entero: Beethoven es parte de la humanidad (no sólo de los alemanes). La identidad norteamericana es muy variada. Las culturas se mezclan, y eso es positivo (en EEUU y en el mundo árabe). Said critica el nacionalismo separatista que exalta sólo la cultura propia (ejemplos de esta bajeza los encontramos, por desgracia, a menudo y en todas partes). En Power, politics & culture. Interviews with Edward W. Said, Said afirma que Occidente es pluricultural y variado. La diversidad cultural no trae incoherencia, al contrario, es muy positiva.

Entre Orientalism y Culture & Imperialism, Said escribió bastante sobre música. Su forma musical preferida es el contrapunto (porque ocurren muchas cosas a la vez, igual que la ópera). Said compara el contrapunto con la diversidad cultural.

En Culture & Imperialism, Said defiende una exploración y análisis de la historia, y no una represión o negación. Cómo representamos el pasado influye nuestra visión del presente.

Los discursos de emancipación de las minorías deben entenderse como discursos de integración y no de separación. Las historias de las mujeres, los inmigrantes… quieren encontrar un lugar, ser oídas.

Culture & Imperialism es también un libro sobre el exilio. Said creció como un árabe con educación occidental. Pertenece a ambos mundos y a ambas culturas. Según Said, ser un exiliado puede conllevar tristeza o puede ser positivo: pertenecer a ambos mundos ayuda a entender mejor ambos mundos.

Said fue un verdadero humanista (en el sentido renacentista). Fue intelectual, crítico, pianista, activista… En el postmodernismo, y con el empobrecimiento que conlleva la “profesionalidad”, la filosofía, pensamiento y crítica fueron escritos, en el mundo anglosajón sobre todo, por profesores de literatura y críticos literarios. La literatura lo abarcó todo. Desde allí se llegó a todas las humanidades. La gente se empezó a dirigir a los departamentos de letras en busca de respuestas. Estos intelectuales, críticos y profesores denunciaron la podredumbre de los sistemas políticos y las injusticias sociales y escribieron sobre ética, estética, política, ciencia, arte, cultura, sociedad, antropología, sociología, historia… en definitiva, sobre el hombre.

Esta figura del hombre humanista, intelectual y polifacético se halló en varios pensadores y artistas del s.XX, antes de que la “profesionalidad” castrara todo lo que no se relaciona directamente con la “profesión” (el peor mal que sufren los artistas, pensadores e intelectuales en el s.XXI): Schönberg (+1951) pintó también y expuso junto a Franz Marc y Kandinsky, y escribió sobre música y estética: El estilo y la idea; Kandinsky (+1944) escribió obras muy influyentes: De lo espiritual en el arte (1912); Stravinsky (+1971) escribió también (Poetics of Music in the form of 6 lessons, 1947); Adorno (+1696) fue filósofo, sociólogo y musicólogo; Walter Benjamin (+1940) fue tan polifacético que es difícil de clasificar; Paul Klee (+1940) era violinista y escribió varios libros: El hombre del futuro (1933), Teoría del arte moderno (1879 – 1940); García Lorca (+1936) pintaba también; Dalí (+1989) fue también escenógrafo, co-guionista (Un perro andaluz, 1928, Luis Buñuel) y escritor (Les Cocus du vieil art moderne –en francés en el original); Fellini (+1993) era un buen dibujante y escribió mucho también; el genial Woody Allen (n. 1935) es, además de uno de los mejores directores de cine de todos los tiempos, un escritor brillantísimo y un gran clarinetista de New Orleans Jazz.

Hoy en día, generalizando, ocurre lo contrario: el músico no lee, el escritor no pinta y el filósofo no sabe leer música. Hay una pobreza intelectual enorme que se refleja en la mediocridad de los “filósofos” o las limitaciones de los “músicos” (los cuales en vez de ser artistas son meros “ejecutantes”). Personalidades tan brillantes como Said nos muestran que las artes y disciplinas se alimentan unas a otras, se necesitan y viven en permanente relación.

Antonia Tejeda Barros, Madrid, 8 de febrero de 2011

Bibliografía:

Camus, Albert: L’exil et le royaume, Gallimard, Impression Novoprint, Barcelona, 2010.

Chomsky, Noam & Said, Edward W.: Acts of aggression (“Apocalypse now”, Said), Seven Stories Press, New York, 1999.

Said, Edward W.: Culture & Imperialism, Vintage Books, London, 1994. Said, Edward W.: Orientalism, Penguin Classics, London, 2003.

Said, Edward W.: Orientalism, Penguin Classics, London, 2003.

Said, Edward W.: Out of place. (A memoir), Vintage Books, New York, 2000.

Viswanathan, Gauri (Ed.): Power, politics and culture. Interviews with Edward W. Said, Bloomsbury, Great Britain, 2005.

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La mediocridad de España

España tiene un gusto enfermo por lo mediocre. ¿Las razones? Varias. Más de 500 años de fanatismo religioso, casi 400 años de Inquisición (de 1478 a 1834), una pasión ciega por el fútbol (ese deporte manchado de dinero que envuelve al español en una idiotez permanente), un gusto feroz por el consumismo, la superficialidad y el conformismo, y la repulsión por todo tipo de cultura.

¿La filosofía española? En España lo que vale es el refranero (“En abril, lluvias mil”) y la superstición religiosa. Filosofía, poca. Sin embargo, han sido hijos de España algunos intelectuales brillantes:

Séneca, Averroes y Maimónides fueron los tres cordobeses. Séneca (4 aC–65) fue tutor de Nerón (quien, muy antipáticamente, le ordenó suicidarse) y escribió los hermosos ensayos De tranquillitate animi y De Clementia. Averroes (1126–1198) era árabe musulmán y escribió Sobre la armonía entre religión y filosofía (donde defiende la mortalidad del alma). Maimónides (1135–1204), Moses ben-Maimon, era  judío y escribió La guía de perplejos; murió en El Cairo. El sufriente Unamuno (1865-1936), el cual ansiaba ser inmortal, escribió ensayos, novelas y poesía. El sentimiento trágico de la vida (1913) y La agonía del cristianismo (1925) son posiblemente sus obras más famosas. Ortega y Gasset (1883-1955) fue un brillante intelectual y uno de los pocos filósofos españoles con mayúsculas, autor de la explosiva La rebelión de las masas (1929) y muchos otros ensayos exquisitos. Luego tenemos a Zubiri (1898-1983), al que nunca he conseguido leer, a Zambrano (1904–1991), y algún otro.

¿Y hoy? Hoy tenemos a Emilio Lledó, Fernando Savater, Jesús Mosterín, Eugenio Trías, Manuel Fraijó, José Lasaga, Amelia Varcárcel, Javier San Martín, y poco más.

España ha engendrado, eso sí, buenos escritores, pintores, músicos, bailarines y algún director de cine: Cervantes, Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado y Lorca; Velázquez, Goya, Sorolla, Picasso, Dalí y Miró; Paco de Lucía y Camarón de la Isla, Joaquín Cortés, Almodóvar e Icíar Bollaín.

El panorama político ha sido deprimente en España. Basta con citar las masacres en las Indias que siguieron al descubrimiento de América, el sangriento reinado de los fanáticos reyes Católicos, la guerra civil española y 40 años de franquismo. ¿Hay hoy en día una crítica sobre estas injusticias? En absoluto. Se sigue celebrando “El día de la raza”, se sigue “respetando” a los reyes Católicos (apenas se habla de sus masacres y sus expulsiones), y la mitad de los políticos del país es heredera de la política, el fanatismo y el racismo franquistas. No hay que olvidar, sin embargo, que ha habido y hay figuras notables y brillantes en el ámbito social, político y judicial, como Vicente Ferrer (filántropo que dedicó 40 años de su vida a ayudar y beneficiar a los “descastados” en la India) y el juez Garzón (quien, tras denunciar los crímenes franquistas, ha sido procesado: hecho que pone al descubierto la decadencia y la mediocridad españolas).

¿Es posible salir de esta mediocridad que inunda y asfixia el país? Para ello habría, primero, que sacar todos los crucifijos, aprender idiomas, viajar y abrirse al mundo; escuchar buena música, ver buenas películas (¡en versión original!), en lugar de perderse cada tarde en la estupidez del fútbol y de la televisión; ser crítico y menos orgulloso. Hasta entonces, tendremos el sol y el calor humano, la estupidez y la ignorancia, el provincianismo, la enfermedad mental religiosa y la preocupación (no por el hambre infantil o la paz mundial) por unos hombrecillos corriendo, sudando y escupiendo detrás de una pelota.

Antonia Tejeda Barros, Madrid, 7 de febrero de 2011.

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Wittgenstein

Ludwig Wittgenstein (1889 – 1951) fue uno de los filósofos más influyentes del s.XX. Según Savater (La aventura de pensar), si preguntamos a un europeo continental cuál es el filósofo más importante del s.XX, sin duda nos contestará que Heidegger, pero si le hacemos a un anglosajón la misma pregunta, sin duda nos contestará que Wittgenstein.

Wittgenstein fue un hombre con una personalidad fascinante. Se formó como ingeniero aeronáutico. Luego se interesó por las matemáticas puras. En 1913 vivió un año en Noruega en una cabaña, aislado. En 1914 se alistó como voluntario en la armada austríaca. En 1918 fue prisionero del ejército italiano (durante 4 años llevó en su mochila cuadernos donde anotaba sus pensamientos filosóficos). Desde la prisión logró hacer llegar a  Bertrand Russell una copia del manuscrito del Tractatus logico-philosophicus. En 1919 fue liberado. El Tractatus logico-philosophicus fue publicado en alemán en 1921. Fue la única obra que Wittgenstein publicó en vida.

Los abuelos paternos de Wittgenstein eran judíos pero se convirtieron al protestantismo; su madre era católica. Los padres de Wittgenstein tuvieron 4 hijas y 5 hijos. Su hermana Margaret (Gretl) Stonborough-Wittgenstein fue pintada por Klimt y psicoanalizada por Freud. Su hermano Paul fue un pianista concertista que perdió su mano derecha en la Primera Guerra Mundial. Britten, Hindemith, Prokofiev y Strauss escribieron obras para él. Ravel escribió para él el “Concerto pour la main gauche en ré majeur”. Sus hermanos Hans (+ 1902), Rudi (+ 1903) y Kurt (+ 1918) se suicidaron.

La casa de los Wittgenstein atrajo siempre a gente culta, intelectuales y músicos, incluidos a Brahms y Mahler. Cuando el padre de Wittgenstein murió, Wittgenstein renunció a su herencia. Wittgenstein era callado y melancólico.

El mérito de Wittgenstein es que puso el tema del lenguaje en el centro de atención del pensamiento contemporáneo. Según él, el lenguaje genera un mundo para cada individuo. Nuestro lenguaje da lugar a trampas, equívocos y paradojas. El Tractatus logico-philosophicus es un esfuerzo para concretar una teoría del lenguaje y, a través de él, una teoría del mundo. Hay una posibilidad de hacer un lenguaje que sea una verdadera descripción del mundo tal cual es, purificado de sus ambigüedades. El Tractatus logico-philosophicus fue una especie de tesis doctoral, guiada por Russell y por Moore (con prólogo de Russell). En 1922 Russell animó a Wittgenstein a publicar el Tractatus logico-philosophicus en Inglaterra con una Introducción de Russell. Wittgenstein no aprobó su Introducción y ambos se distanciaron. Wittgenstein sostiene que la mayoría de las cuestiones filosóficas no son falsas, sino que carecen de sentido. El mundo es todo lo que sucede. El pensamiento es la figura lógica de los hechos. “Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo” = los límites del mundo son los límites de la lógica. Wittgenstein acaba el Tractatus logico-philosophicus diciendo: “De lo que no se puede hablar, hay que callar”.

Entre 1920 y 1925 Wittgenstein abandonó la filosofía y trabajó como maestro en varias aldeas austríacas. En 1926 fue jardinero en un monasterio cerca de Viena. En 1927 conoció a los filósofos Moritz Schlick (uno de los fundadores del Círculo de Viena -grupo de filósofos, matemáticos y físicos que impulsaron el neopositivismo), asesinado por un ex alumno nazi, Rudolf Carnap y Friedrich Waissmann. En 1929 Wittgenstein obtuvo el doctorado en Cambridge.

En 1930 dio la interesante conferencia Lecture on Ethics. Siguiendo a Moore (Principia Ethica), la ética es la investigación general sobre lo bueno e incluye también una parte de la estética. Investiga sobre lo valioso, aquello que hace que la vida merezca la pena vivirse, o de la manera correcta de vivir. En todas las expresiones éticas y religiosas subyace un característico mal uso de nuestro lenguaje. Wittgenstein acaba su conferencia con las siguientes palabras: “La ética, en la medida en que surge del deseo de decir algo sobre el sentido último de la vida, lo absolutamente bueno, valioso, no puede ser una ciencia. Lo que dice la ética no añade nada a nuestro conocimiento. Pero es un testimonio de una tendencia del espíritu humano que yo personalmente no puedo sino respetar profundamente y que por nada del mundo ridiculizaría”.

Se habla de un primer Wittgenstein y de un segundo Wittgenstein. Hacia 1929 y durante más de 20 años, Wittgenstein fue el crítico más crítico de Wittgenstein. Para el segundo Wittgenstein no hay una esencia pura del lenguaje, sino diferentes juegos de lenguaje mediante los cuales interactuamos. Critica su idea anterior de un lenguaje privado. Nadie puede tener un lenguaje de significados privados, porque significar es adoptar un símbolo y compartirlo con otros que lo entienden. Las Investigaciones filosóficas (Philosophische Untersuchungen), publicadas póstumamente en 1953, corresponden a este segundo período. Para Wittgenstein la filosofía no es una teoría o una doctrina, sino una actividad.

En 1937 Wittgenstein se hizo ciudadano británico. Durante la Segunda Guerra Mundial fue enfermero. En 1947 renunció a su cátedra en Cambridge y se mudó a Irlanda. Murió de cáncer en 1951. Antes de morir le dijo al médico: “Dígales que he tenido una vida maravillosa”.

Vermischte Bemerkungen (traducidos en español por Aforismos. Cultura y valor, a partir de la traducción inglesa Culture and Value) se publicaron por primera vez en 1977. Son anotaciones marginales de sus manuscritos desde 1914 a 1951. Wittgenstein escribe sobre religión, arte, judaísmo e historia. Los Aforismos son muy entretenidos de leer. Su contenido es muy humano: “La tarea del artista se asemeja a la tarea del pensamiento (…) La música es la más refinada de las artes (…) Cuando los hombres encuentran fea una flor o animal les parece artificial; esto explica el significado de las palabras “feo” y “bello” (…) Luchamos con el lenguaje. Estamos en lucha con el lenguaje (…) El límite del lenguaje se revela en la imposibilidad de describir el hecho que corresponde a una frase (que es su traducción), sin repetir esta frase (…) Las penas son como enfermedades; hay que aceptarlas: lo peor que puede hacerse es rebelarse contra ellas (…) Los hombres son religiosos no tanto en cuanto se creen muy imperfectos sino en cuanto se creen enfermos. Cualquier persona medianamente decente se considera sumamente imperfecta, pero el hombre religioso se considera miserable (…) No puede haber un grito de angustia mayor que el de un hombre. Como tampoco puede haber angustia mayor que aquella con la que puede encontrarse un ser humano concreto … El planeta entero no puede sentirse más angustiado que un alma concreta … No se puede sentir una angustia mayor que la de un ser humano. Puesto que si un hombre se siente perdido, es esta la mayor angustia”. (Ludwig Wittgenstein: Aforismos. Cultura y valor. Madrid, Espasa Calpe, 2007).

Según Ferrater Mora (Diccionario de grandes filósofos), el hablar de un “primer Wittgenstein” (Tractatus logico-philosophicus) y un “segundo o último Wittgenstein” (Investigaciones filosóficas) no equivale a decir que no hay ninguna relación entre ambos. El segundo Wittgenstein es en gran parte comprensible como una reacción contra el primero, sin el cual el segundo no tendría mucho sentido. Los dos se preocupan por el lenguaje. Para el primer Wittgenstein, los problemas filosóficos son perplejidades. En filosofía nada se halla oculto. Preguntar qué hora es no causa perplejidades, pero preguntarse por la naturaleza del tiempo, sí. Eso es un laberinto sin salida. La salida es liberarse de la creencia de que hay una salida. El segundo Wittgenstein no cree que las cuestiones filosóficas no tengan significación ni que sean pura y simplemente cuestiones lingüísticas. Las cuestiones filosóficas nos confunden por no saber tratarlas, por no saber “ver”. La misión de la filosofía es hacernos ver. La filosofía no explica nada, sino que pone a la vista las perplejidades. La filosofía es una “lucha contra el embrujamiento de nuestra inteligencia por el lenguaje”.

Su obra influyó enormemente en el positivismo lógico (neopositivismo o empirismo lógico: corriente de la filosofía de la ciencia que surgió en torno al Círculo de Viena): primer Wittgenstein, y en la filosofía analítica (corriente que ve en la lógica formal y el análisis del lenguaje el modo de resolver los problemas filosóficos): segundo Wittgenstein.

Terry Eagleton llama a Wittgenstein el filósofo de poetas y compositores, dramaturgos y novelistas, y Bertrand Russell dijo de él: “He was perhaps the most perfect example I known of genius as traditionally conceived, passionate, profound, intense, and dominating. He had a kind of purity which I have never known equalled except by G.E. Moore” (Bertrand Russell: Autobiography, 1959).

Antonia Tejeda Barros, Madrid, 25 de diciembre de 2010

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Pensamientos sobre la muerte

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Qué es la muerte y qué hay detrás de la muerte son preguntas que cada ser humano se hace: los neuróticos piensan en la muerte a cada momento, los filósofos meditan sobre ella, los jóvenes apenas piensan en ella y los mayores meditan sobre ella a menudo. Al igual que cada ser humano le busca un sentido a su vida, cada ser humano le busca una respuesta al misterio de la muerte. No obstante, muchísimos adultos (que desde pequeñitos han sido inculcados en una religión u otra) tienen poca libertad de elección a la hora de responder a tal pregunta. Y lo peor es que ni siquiera saben que no han elegido su propia respuesta.

Para todos aquellos que hemos tenido la suerte de no haber sido educados en la religión, las respuestas son infinitas; todas son válidas, pues todas han sido buscadas y encontradas con libertad, aunque sean contradictorias. ¿Qué es la muerte? La muerte es el vacío, lo extraño, lo desconocido, el final sin angustia, la nada misma. ¿A dónde vamos tras la muerte? A ningún lado. ¿Dónde estamos antes de nacer? En ningún lado. La vida es el principio, la muerte es el final. ¿Qué es lo que hay entre el nacimiento y la muerte? Nuestra vida que es sólo nuestra y de nadie más. De nosotros, y sólo de nosotros, depende de cómo sea esta vida que nos ha tocado vivir. Siguiendo a Sartre, no somos personas, sino que devenimos personas. “La existencia precede a la esencia” (L’existencialisme est un humanisme). El hombre posee una gran responsabilidad. Y eso no es un castigo, al contrario, es un regalo. Somos totalmente libres. Libres de la religión, de los cuentos de hadas, de las supersticiones, de las mentiras que nos han obligado a creer. Cada cual es libre de buscarle el sentido a su vida y de creer lo que hay después de la muerte.

¿Qué es lo que tenemos, entonces? La vida. Nuestra vida. De eso hay que estar preocupados, no de la muerte. Según Spinoza, el hombre libre piensa en la vida, y no en la muerte: “Un hombre libre en nada piensa menos que en la muerte, y su sabiduría no es una meditación de la muerte, sino de la vida.” (Ethica ordine geometrico demostrata, Parte IV, Proposición LXVII)

Creer que venimos de la nada y vamos hacia la nada puede generar angustia. ¿Por qué debería de generar angustia ir hacia la nada? Según Epicuro, no hay que temerle a la muerte, puesto que el hombre y la muerte nunca se encuentran: “… la muerte nada es para nosotros. Porque todo bien y mal reside en la sensación, y la muerte es privación del sentir (…) Nada hay, pues, temible en el vivir para quien ha comprendido rectamente que nada temible hay en el no vivir (…) Así que el más espantoso de los males, la muerte, nada es para nosotros, puesto que mientras nosotros somos, la muerte no está presente, y, cuando la muerte se presenta, entonces no existimos. Conque ni afecta a los vivos ni a los muertos, porque para éstos no existe y los otros no existen ya.” (Carta a Meneceo)

¿Y qué hay de la inmortalidad? La inmortalidad la dan los hijos, los recuerdos que generamos en las personas que nos quisieron y nos amaron, y en las obras artísticas, intelectuales, científicas o humanas que dejamos. El paso del tiempo es irremediable. El tiempo es imparable. El presente, pues, no existe, pues cuando pensamos, decimos o hacemos algo, en cuanto nos damos cuenta, nuestro pensamiento, nuestra palabra o nuestro acto ya forma parte del pasado. Sólo la muerte para el tiempo. La gente que muere joven permanece joven siempre. A Tova siempre la recuerdo como una chica de 21 años, no ha envejecido. El tiempo ya no existe para ella, pues ella ya no forma parte del tiempo que transcurre sin parar. La muerte sería pues el paro del tiempo, no el vacío, puesto que el recuerdo, las obras y los hijos siguen viviendo.

Savater, en Ética para Amador, escribe: “¿Cómo vivir del mejor modo posible? Esta pregunta me resulta mucho más sustanciosa que otras … más tremendas: “¿Tiene sentido la vida? ¿Merece la pena vivir? ¿Hay vida después de la muerte?” Mira, la vida tiene sentido y tiene sentido único; va hacia delante (…) no se repiten las jugadas ni suelen poder corregirse. Por eso hay que reflexionar sobre lo que uno quiere y fijarse en lo que hace. Después … guardar siempre el ánimo ante los fallos. ¿El sentido de la vida? Primero, procurar no fallar; luego, procurar fallar sin desfallecer (…) Lo que me interesa no es si hay vida “depués” de la muerte, sino que haya vida “antes”. Y que esa vida sea buena, no simple supervivencia o miedo constante a morir (…) Porque vivir no es una ciencia exacta, como las matemáticas, sino un “arte” como la música.”

¿Y si la muerte no existiera? ¿Y si fuéramos todos inmortales? No habría, en mi opinión, castigo más duro. Tal vez el hombre, esa especie miserable y cruel, fascinante, hermosa y monstruosa, se merecería la inmortalidad para sufrir eternamente y pagar el daño que ha hecho (recordemos por un segundo Auschwitz). Pero los castigos y premios poco le importan a la naturaleza (eso es más propio de las religiones). Nosotros somos dueños solo de nuestra vida. Hagamos de ella, pues, una vida digna de ser vivida. Centrémonos en la vida y no en la muerte.

Antonia Tejeda Barros, Madrid, 3 de diciembre de 2010

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Simone de Beauvoir

Estoy ahora sumergida en el apasionante ensayo filosófico Le deuxième sexe, escrito y publicado con gran éxito y explosión en 1949 por la genial Simone de Beauvoir (1908 – 1986).  Le deuxième sexe es una de las obras más célebres e importantes del movimiento feminista, un grito esperanzador para la libertad e igualdad de la mujer (aún no conseguida, en pleno siglo XXI), una obra escrita con gran lucidez, fuerza y genio, bañada de reivindicación y, cómo no, de existencialismo: “La perspective que nous adoptons, c’est celle de la morale existentialiste. Tout sujet … n’accomplit sa liberté que par son perpétuel dépassement vers d’autres libertés; il n’y a d’autre justification de l’existence présente que son expansion vers un avenir indéfiniment ouvert”.

Según Beauvoir, nuestros “grandes” filósofos han menospreciado casi siempre a la mujer: según Pitágoras, hay un principio bueno que ha creado el orden, la luz y el hombre y un principio malo que ha creado el caos, las tinieblas y la mujer; según Aristóteles, la mujer es hembra en virtud de una cierta falta de cualidades. Platón agradecía a los dioses primero por ser libre y no esclavo, segundo por ser hombre y no mujer. La inferioridad y menosprecio de la mujer en las tres religiones monosteístas es harto conocida: Beauvoir nos muestra el misógeno Antiguo Testamento (Tanaj para los judíos): “Bendito sea Dios nuestro Señor y el Señor de todos los mundos por no haberme hecho mujer”. La desigualdad de la mujer respecto del hombre es un fenómeno muy especial, raro y único, que no se puede comparar con otras clases de racismo, odio, descalificación o menosprecio. No se empezó a menospreciar a la mujer desde un momento concreto histórico, sino que a la mujer siempre se la ha menospreciado, desde los orígenes de la humanidad: “La majorité impose sa loi à la minorité ou la persécute. Mais les femmes ne sont pas comme les Noirs d’Amérique, comme les Juifs, une minorité: il y a autant de femmes que d’hommes sur la terre (…) c’est un événement historique qui a subordonné le plus faible au plus fort: la diaspora juive, l’introduction de l’esclavage en Amérique, les conquêtes coloniales sont des faits datés. Dans ces cas, pour les opprimés il y a eu un ‘avant’ (…) [Il y a un rapprochement] entre les femmes et le prolétariat … les prolétaires non plus  se sont pas en infériorité numérique et ils n’ont jamais constitué une collectivité séparée. Cependant à défaut d’un ‘événement’, c’est un développement historique qui explique leur existence (…) Il n’y a pas toujours eu des prolétaires: il y a toujours eu des femmes (…) aussi loin que l’histoire remonte, elles ont toujours été subordonées à l’homme (…) La femme a toujours été, sinon l’esclave de l’homme, du moins sa vassale; les deux sexes ne se sont jamais partagé le monde à égalité”.

La vida de Simone de Beauvoir fue apasionante. Tuvo una relación amorosa con Jean-Paul Sartre durante 51 años (desde que se conocieron en 1929 hasta la muerte de Sartre, en 1980). Sartre era su amour nécessaire y todas las demás relaciones que ambos vivieron fueron sus  amours contingentes, según ella.

Simone de Beauvoir escribe su primera novela entre 1935 y 1937 y tanto Gallimard como Grasset rechazan la publicación (se publicará en 1979 bajo el título Quand prime le spirituel). En 1943 publica L’Invitée, con gran éxito. Funda en 1945 junto a Sartre y otros intelectuales de izquierda la revista política, literaria y filosófica Les temps modernes. Viaja a varios países comunistas. Se entrevista con Che Guevara y Fidel Castro. En 1947 inicia una relación amorosa con el escritor norteamericano Nelson Agren, que durará más de 15 años (Simone de Beauvoir está enterrada con el anillo de Agren). Se consagra como escritora gracias a Le deuxième sexe. El Vaticano, como era de esperar, lista de inmediato la obra en su absurdo Index Librorum Prohibitorum (más tarde la obra completa de Sartre estará también listada en el Index -¡Un aplauso por la decandencia, ceguera y mediocridad de la Iglesia!-).

De 1952 a 1959 vive con Claude Lanzmann (escritor, periodista, director de cine y creador del espeluznante y genial documental de 9 horas y media titulado Shoah -1985-, sobre el exterminio de los judíos de Europa en los campos de concentración nazis, realizado sin ninguna fotografía ni vídeo de la época, y con testimonios desgarradores de sobrevivientes, testigos, nazis y algún historiador). Claude Lanzmann asume la dirección de la revista Les temps modernes a la muerte de Simone de Beauvoir. En 1954 Beauvoir gana el Prix Goncourt por su novela Les Mandarins. En 1971 dirige junto a Jean Moreau el Manifeste des 343, firmado por 343 mujeres que confiesan haber abortado bajo condiciones peligrosas. Reclaman el aborto libre, gratuito y seguro. Cuatro años más tarde, en 1975, se declara legal el aborto en Francia.

Simone de Beauvoir muere en París, a los 78 años, rodeada de su hija adoptiva, Sylvie Le Bon de Beauvoir, y de Claude Lanzmann. A su funeral asistieron más de 5.000 personas. Está enterrada junto a Sartre, en Montparnasse. Nos ha dejado una exquisita, escandalosa e interesante obra literaria, autobiográfica y filosófica. Devorémosla.

Antonia Tejeda Barros, Viena, 18 de noviembre de 2010

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Viena

Viena. 1,7 millones de habitantes. Hermosa, majestuosa, cruel. Posee una cultura impresionante y es heredera de un pasado oscuro y sangriento.

En 1938 Hitler anexionó Austria a Alemania, con gran euforia de los austríacos. La Anschluss (= anexión) no fue recibida como una ocupación, sino como una liberación. Las SA (Sturmabteilung: traducción literal: Departamento de tormenta; Secciones de asalto), las SS (Schutzstaffel: Escuadrón de defensa) y los Einsatzgruppen (escuadrones de la muerte pertenecientes a las SS y a la Wehrmacht –fuerzas armadas del régimen nazi-) contaron con muchos austríacos y funcionaron “de maravilla” en Austria. Según Daniel Goldhagen: Hitler’s willing executioners (1996) y Hannah Arendt: Eichmann in Jerusalem: a Report on the Banality of Evil (1963) el “trabajo de convencimiento” por parte del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (Nationalsozialistische Deutsche Arbeiterpartei, NSDAP) no fue necesario en Austria. El antisemitismo estaba tan arraigado en Austria que la gente común se voluntariaba encantada para fusilar y “cazar” judíos en los pueblos y ciudades austríacos, y quemar sinagogas con hombres, mujeres y niños judíos dentro.

El Holocausto fue posible gracias al apoyo y colaboración directa y voluntaria del pueblo alemán y el pueblo austríaco.

¿Hay arrepentimiento tras la barbarie? En Austria, desde luego que no. En Viena las placas de conmemoración a las víctimas del Holocausto son escasas. A pesar de que Viena posea hoy dos museos judíos (el Jüdisches Museum – Palais Eskeles situado en la Dorotheergasse 11, y el Jüdisches Museum der Stadt Wien am Judenplatz, situado en la Judenplatz) no se respira en las calles de Viena ningún arrepentimiento o culpabilidad por el genocidio y las masacres llevadas a cabo por el pueblo austríaco entre los años 1938 y 1945. Hace un año, una periodista escribió un artículo sobre la ausencia de placas, monumentos y museos en Viena que conmemoren las masacres del Régimen nazi.

El único campo de concentración situado en Austria fue el famoso campo de Mauthausen (que estaba formado por 4 subcampos principales en Mauthausen y Gusen, y más de otros 50 subcampos localizados en toda Austria y  el sur de Alemania), donde murieron al menos 122.000 personas. Los dos campos principales, Mauthausen y Gusen I, fueron los dos únicos campos de toda Europa etiquetados como campos de “Grado III” (los campos más duros para los “Enemigos Políticos Incorregibles del Reich”. Los tipos de tortura y exterminio en Mauthausen fueron abominables.

Un amigo austríaco le dijo a mi marido: “Los austríacos somos muy listos: hemos sido capaces de hacer creer al mundo que Beethoven era austríaco y que Hitler era alemán”.

Viena es, lamentablemente, responsable directa e indirecta de la muerte de una parte del millón y medio de niños exterminados en el Holocausto (1,2 millones de niños judíos, 300.000 niños gitanos y 5.000 niños minusválidos y enfermos mentales alemanes) del cual el pueblo austríaco (y por consiguiente el vienés) es culpable directa e indirectamente. No hay esfuerzo ni interés hoy en día por conmemorar a esas víctimas, pero sí lo hay para conservar obras de arte valiosísimas. Qué se le va a hacer, el hombre es un animal contradictorio, una bestia con sentimientos encontrados. Viena posee casi un centenar de museos. Entre mis preferidos se encuentran el Albertina (Claude Monet, Pierre-Auguste Renoir, Paul Cézanne, Amedeo Modigliani, Henri Matisse, Pablo Picasso, Ernst Ludwig Kirchner, Alberto Giacometti, Kasimir Malevitch, Francis Bacon…), el Leopold Museum (Egon Schiele y Gustav Klimt), el Belvedere (obras barrocas y del siglo XIX austríacas, Gustav Klimt, Oskar Kokoschka y Egon Schiele) y el Kunsthistorisches Museum (una especie de Louvre, pero más pequeño y más modesto). En Viena ocurre como en Madrid, donde el arte rebosa pero la vergüenza y el arrepentimiento por decadentes y negros 40 años franquistas no se respiran en ninguna parte.

La justicia, como es sabido, apenas se hace oír tras la barbarie. La mayoría de los miembros de las SA, SS y los Einsatzgruppen apenas fueron juzgados, y de los que fueron juzgados, muchos recibieron penas cortísimas tras el Juicio del Alto Comando (The High Command Trial) y el Juicio de los Einsatzgruppen (The Einsatzgruppen Trial) (algunas excepciones se producieron en los Juicios de Dachau (The Dachau Trials), donde varios recibieron la pena de muerte y penas graves). Algunos casos escandalosos fueron las penas imputadas a Georg von Küchler, Hermann Hoth, Georg-Hans Reinhardt, Karl-Adolf Hollidt, Hermann Reinecke, Walter Warlimon y Otto Wöhler, acusados en el Juicio del Alto Comando, 1948, de crímenes de guerra y de crímenes contra la humanidad por participar en órdenes de asesinato, tortura, deportación y captura de civiles en territorios ocupados. Las penas fueron de 20 de años de prisión para von Küchler (en 1951 se redujo a 12 años de prisión, y en 1953 fue absuelto), 15 años para Hoth (absuelto en 1954), 15 años para Reinhardt (absuelto en 1952), 5 años para Hollidt (absuelto al cabo de 1 año), prisión de por vida para Reinecke (absuelto en 1954), prisión de por vida para Warlimon (reducida a 18 años de prisión en 1951 y absuelto en 1954) y de 8 años de prisión para Wöhler (absuelto en 1951), por poner unos pocos ejemplos. En esta línea, cabe destacar el Juicio de los Einsatzgruppen, 1948, donde se juzgó a 24 miembros de los Einsatzgruppen: a 22 se les culpó de los 3 puntos: 1. Crímenes contra la humanidad: persecución política, racial y religiosa, asesinato, exterminio, prisión y otros actos inhumanos cometidos en contra de civiles, como parte de un organizado plan de genocidio; 2. Crímenes de guerra; 3. Miembros de organizaciones criminales: SS, SD y Gestapo: 4 fueron sentenciados a muerte y ahorcados, 9 fueron sentenciados a muerte pero finalmente cumplieron condenas de sólo 6, 8 y 10 años, 1 fue sentenciado a prisión de por vida pero sólo cumplió condena de 10 años, 3 fueron sentenciados a 10 años (2 cumplieron condenas de sólo 4 y 6 años, y el otro fue absuelto), 2 fueron sentenciados a 10 años (uno cumplió 8 años y el otro fue absuelto), 2 fueron absueltos tras el juicio y 1 se suicidó.

Lamentablemente, la Historia nos muestra que, a mayor el crimen, menor el castigo. Algunos médicos del Programa Eutanasia fueron juzgados y algunos condenados a muerte en los Tribunales de Nüremberg, pero la inmensa mayoría permaneció impune. En el año 2005 fue noticia que un médico psiquiatra austríaco implicado en el Programa Eutanasia falleció sin haber sido juzgado y siempre siguió ejerciendo como médico y jefe de un hospital pisquiátrico.

Pero volvamos a Viena (¿a quién le interesa recordar su pasado sangriento? ). Viena posee parques hermosos, Galerías de Arte y Cafés agradables. Aparte de toda la basura de tiendas de ropa multinacionales que se encuentran hoy en día en toda ciudad europea, hay tiendas especiales en joyas y muebles art nouveau, diseño, un montón de librerías exquisitas, centros culturales para jóvenes, tiendas de segunda mano de libros, CDs, LPs y DVDs, restaurantes de todo tipo, teatros, cines, salas de concierto… En Viena se respira un ambiente cosmopolita y eso siempre es interesante y atractivo. En cuanto a la política, actualmente, el partido FPÖ (Freiheitliche Partei Österreichs =Partido de la Libertad de Austria), partido nacionalista, de extrema derecha y de tendencia neo-nazi, es la segunda fuerza política de Austria. Fue fundado por un ex miembro de las SS y sus presidentes han sido en su mayoría ex miembros de las SS o hijos de ex miembros de las SS. En las pasadas elecciones obtuvo el 10 % de los votos (en las anteriores había obtenido el 27 % de los votos). Jörg Haider, presidente del FPÖ en 1986 y gobernador del estado de Carintia en 1989 y patética figura que se estrelló en coche en el 2008, solía pronunciar sus discursos en frente de ex miembros de las SS, y nadie parecía alarmarse. En Viena el FPÖ es la segunda fuerza política, con el 27,2% de los votos. Deprimente.

La autocrítica de un pueblo por las barbaries cometidas es imprescindible para que esas barbaries no se repitan. El arrepentimiento (aunque Sinoza no esté de acuerdo: “El arrepentimiento no es una virtud … no nace de la razón; el que se arrepiente de lo que ha hecho es dos veces miserable o impotente”, Ethica ordine geometrico demostrata) es imprescindible para que el hombre (que ha actuado como una bestia) aprenda de sus errores. El arrepentimiento y la autocrítica son imprescindibles para que las atrocidades de la Historia (cometidas con el consentimiento, aprobación y colaboración de la mayoría) no vuelvan jamás a repetirse.

Antonia Tejeda Barros, Viena, 2 de noviembre de 2010

Eufórico recibimiento de las tropas alemanas, Viena, 1938

Cerdos SS / SA delante de un negocio judío. El graffiti de la ventana dice: “¡Cerdo judío, que tus manos se pudran!” Viena, 1938

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L’existencialisme est un humanisme

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Esta joya de libro fue publicado en 1946, tras una conferencia dada por Sartre en octubre de 1945. El propósito del libro es, según Sartre, defender el existencialismo de los reproches que se le han dirigido. L’existencialisme est un humanisme es un manifiesto de la filosofía existencialista sartreana. Es un texto brillante, escrito con una claridad genial.

Sartre define el existencialismo como una doctrina que hace posible la vida humana y que declara que toda verdad y acción implican un medio y subjetividad humanos. Lo que asusta de la doctrina, dice Sartre, ¿no es el hecho de que deja elegir al hombre?

En Diderot, Voltaire, Kant… el hombre posee una naturaleza humana. Pero para Sartre el hombre no posee una naturaleza, sino una condición humana. El hombre empieza por no ser nada, y se define después: “La existencia precede a la esencia”. La realidad humana, la existencia, precede a la esencia. La filosofía existencialista debe ser vivida para ser realmente sincera. Vivir en el existencialismo, no imponerlo en los libros. No hay naturaleza humana (porque no hay un dios para concebirla), pero sí una universalidad humana de “condición”.

El hombre es el único que es como él se concibe, y como él se quiere. El hombre no es otra cosa que lo que él se hace. Éste es el primer principio del existencialismo; es lo que se llama subjetividad. El hombre es un proyecto. El hombre será lo que haya proyectado ser, no lo que quiera ser. El hombre es responsable de lo que es. El existencialismo hace recaer en el hombre la responsabilidad total de su existencia.

Aunque no explica por qué, Sartre parece alegar la universalidad de los principios morales: “nada puede ser bueno para nosotros sin serlo para todos (…) Nuestra responsabilidad es enorme, pues compromete a toda la humanidad (…) Eligiéndome, elijo al hombre.” Claro eco kantiano.

El hombre es angustia, desamparo, desesperación. El hombre tiene una profunda responsabilidad. Está condenado a la libertad. Elige a toda la humanidad. Acerca de la angustia, Sartre dice que cuando él escoge entre un mil hojas y un “éclair” de chocolate no escoge en la angustia. Para él la angustia es constante. La angustia es la ausencia total de justificación y la responsabilidad.

El existencialismo piensa que es muy incómodo que Dios no exista. Ya no se puede tener el bien “a priori”. Todo está permitido si Dios no existe, y el hombre está abandonado. No hay excusas. El hombre es libre, el hombre es libertad. Esta libertad otorga al hombre una responsabilidad inmensa. (Entre paréntesis: yo me pregunto: ¿no le queda al hombre demasiado grande la libertad? Al mirar la Historia, el pasado y el presente, sólo podemos llorar y avergonzarnos de tanta barbarie, injusticia y atrocidad).

El existencialista, dice Sartre, no cree en el poder de la pasión. No pensará que una bella pasión es algo devastador que conduce fatalmente al hombre o una excusa. (Otro paréntesis: esto me recuerda a la cita de Goethe que pone Fernando Savater al comienzo de su libro “Invitación a la ética”: “Pensar es fácil. Actuar es difícil. Actuar siguiendo el pensamiento propio es lo más difícil del mundo”). Según Sartre, el hombre es responsable de su pasión. El hombre que se refugia detrás de la excusa de sus pasiones, que inventa un determinismo, es un hombre de mala fe.

La moral kantiana dice: no tratéis a los otros como medios, sino como fines. Sartre, a raíz de una pregunta de un alumno suyo que tenía la elección de partir a Inglaterra a combatir (vengar así a su hermano muerto en la ofensiva alemana de 1940 y abandonar a su madre) o permanecer al lado de su madre, se pregunta: ¿A quién debe el alumno tratar como fin? ¿A  su madre o a los combatientes? Según Sartre hay que seguir los valores, y si éstos son vagos, a nuestros instintos. Sartre le dijo a su alumno: “Usted es libre, elija, invente”.

Hay un porvenir virgen que espera al hombre, un porvenir por hacer. Los hombres son libres y decidirán libremente mañana lo que será el hombre. Sartre dice que el día de mañana, después de su muerte, algunos hombres podrían establecer el fascismo y el resto podrían ser lo bastante cobardes y débiles para dejarles hacer (o para seguirles); el fascismo sería pues la verdad humana. Las cosas serán como el hombre haya decidido que sean.

Primero hay que comprometerse, luego, actuar. “Sólo hay realidad en la acción”. El hombre es su proyecto, lo que realiza. El hombre es el conjunto de sus actos. No hay otro amor que el se constituye, el que se manifiesta; no hay otro genio que el que se manifiesta en las obras de arte. Un hombre se compromete en la vida, dibuja su figura y, fuera de esta figura, no hay nada. Sólo cuenta la realidad. Los sueños, las esperas, las esperanzas definen al hombre como sueño desilusionado, como esperanzas abortadas, esperas inútiles.

No hay temperamento cobarde. Un hombre es cobarde por sus actos. (Hay temperamentos nerviosos, ricos, flojos… pero un temperamento no es un acto). El cobarde se hace cobarde, el héroe se hace héroe. El existencialismo define al hombre por la acción. Los principios abstractos fracasan a la hora de definir una acción. No hay otra doctrina más optimista, puesto que el destino del hombre está en él mismo. Es la única teoría que le da dignidad al hombre, la única que no lo convierte en objeto.

Según Sartre, nos captamos a nosotros mismos frente al otro. El hombre es lo que los otros ven en él. Intersubjetividad.

No es posible no elegir. Siempre se elige, incluso cuando no se elige (entonces se elige el no elegir). La vida no tiene sentido “a priori”. Le corresponde al hombre darle un sentido. El valor es ese sentido que uno elige.

Sartre compara la elección moral con la construcción de una obra de arte. No hay valores estéticos “a priori”, hay valores que se ven después en la coherencia del cuadro, en las relaciones entre la voluntad de creación y el resultado. Tanto en el arte como en la moral hay creación e invención.

Sartre dice: “No creemos en el progreso. El hombre es siempre el mismo frente a una situación que varía y la elección es siempre una elección en una situación.”

La libertad es el fundamento de todos los valores. Debo querer mi libertad y la de los demás. Queremos la libertad por la libertad.

El hombre está continuamente fuera de sí mismo. El hombre no está encerrado en sí mismo sino presente en un universo humano. Éste es el humanismo existencialista.

El existencialismo es un esfuerzo por extraer las consecuencias de una posición atea coherente. Declara: aunque Dios no existiera, nada cambiaría. El problema no es la existencia de Dios. Es necesario que el hombre se encuentre a sí mismo y se convenza de que nada puede salvarlo de sí mismo, ni siquiera una prueba de la existencia de Dios.

Sartre acaba la obra con las siguiente palabras: “El existencialismo es un optimismo, una doctrina de acción, y sólo por mala fe, confundiendo su propia deseperación con la nuestra, es como los cristianos pueden llamarnos desesperados.”

Antonia Tejeda Barros, Madrid, 17 de octubre de 2010

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Sartre

Jean-Paul Sartre (1905–1980) es uno de los pensadores más trascendentes de Europa y más importantes del pensamiento contemporáneo. Sartre es mi ídolo.

Sartre fue un filósofo comprometido con las crisis e injusticias políticas, sociales y humanas de su tiempo. Presidió el Tribunal Russell (que denunció los crímenes norteamericanos en Vietnam) y denunció los crímenes estalinistas y la represión colonial francesa del norte de África. Respaldó la Revolución Cubana. En 1964 se le concedió el Premio Nobel de Literatura y lo rechazó por considerarlo un reconocimiento burgués y por no querer ser “institucionalizado”. Su pareja sentimental e intelectual fue Simone de Beauvoir (una de las ensayistas y escritoras francesas más importantes del s. XX).

En 1940 fue capturado en Padoux, Francia. Estuvo 9 meses en un campo de concentración como prisionero de guerra. Allí leyó “Ser y Tiempo” de Heidegger, obra que influyó mucho “L’être et le néant”. En 1941 fue liberado. Actuó activamente en la Resistencia y defendió una coalición anti-nazi (formada por liberales, comunistas y anarquistas).

Según Sartre, el ser en sí (l’être en soi) es lo que es y como es, no le falta nada: es. La conciencia, el ser para sí (l’être pour soi), no tiene plenitud, está siempre haciéndose: es la nada y puede llegar a ser cualquier cosa. El ser del ser humano es una nada de determinaciones. Él hará de esa nada un ser determinado a través de las elecciones que haga a lo largo de su vida. El ser humano se inventa a sí mismo permanentemente. Un hombre siempre puede actuar libremente, independientemente de su situación, incluso en las situaciones más horrorosas. Decir “no pude hacer otra cosa” es mala conciencia. La mala conciencia o mala fe sartreana (la mauvais foi) es no hacerse cargo de las propias elecciones y actuar como si no se estuviese eligiendo nada. En vez de decir “no pude hacer esto” se debería decir “elegí no hacer esto”.

La conciencia no es sustancia. Es libertad. El ser del hombre consiste en la libertad. La existencia de cada uno, al realizar su libertad, determina lo que es. Éste es el sentido de la famosa frase: “En el hombre la existencia precede a la esencia”. Para Sartre el hombre primero existe, se encuentra, surge en el mundo y se define después.

“L’existencialisme est un humanisme” es un librito brillante y genial (conferencia de 1945) que habla de las elecciones y acciones del hombre, de su responsabilidad frente a la Humanidad, de su compromiso con el mundo, y de la libertad. De lo único que no somos libres es de esa necesidad de elegir continuamente, pues se elige siempre, incluso cuando no se elige (entonces se elige el no elegir). El hombre está “condenado a la libertad”. La negación de la libertad y de la responsabilidad es la “mala fe”.

La idea de un dios es contradictoria, porque un dios sería a la vez un en sí y para sí. Si existiera un dios estaría tan solo y angustiado como nosotros. El hombre vive en una angustia frente a la muerte y frente a los demás. El existencialismo es un esfuerzo por extraer las consecuencias de una posición atea coherente. Asume la muerte de Dios nietzscheana. No obstante, el existencialismo no es un ateísmo que quiera demostrar que Dios no existe; dice que aunque Dios existiera, nada cambiaría: el hombre, si quisiera seguir conservando su libertad y su vida moral, tendría igualmente que elegir, formarse, sentir angustia y devenir. Sartre dice muy acertadamente que la existencia de Dios iría en contra de la libertad y dignidad humanas: la moral es posible en la medida que la existencia de Dios no lo es.

Sartre estaba ciego de un ojo desde los 3 años. En 1973 sufrió una hemorragia en el ojo sano y quedó ciego. Murió 7 años más tarde. A su entierro asistieron más de 20.000 personas. Nos ha dejado una exquisita y genial obra que es a la vez literaria y filosófica. Una verdadera joya. Disfrutémosla.

Antonia Tejeda Barros, Madrid, 9 de octubre de 2010

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Nacionalismos, separatismos & xenofobia

Sinceramente, no logro entender el discurso nacionalista. Siempre me ha parecido excluyente, ridículo, separatista, cerrado, ciego, y mediocre. Según Fernando Savater, los nacionalismos son hermanos de la xenofobia: “Los xenófobos siempre se apoyan en brumosas banalidades sobre “la psicología de los pueblos”, el “destino” de las naciones y una larga lista de agravios históricos reales o inventados: entre ellos se reclutan los nacionalistas más cerriles y también los partidarios a ultranza de la santísima “identidad” imperecedera de cada comunidad humana con vocación de eternidad… Es interesante subrayar por tanto que la xenofobia se alimenta de prejuicios (nacionales, históricos, culturalistas) sostenidos muy en serio por personas que se horrorizarían de ser consideradas xenófobas.” (Fernando Savater, Diccionario Filosófico, Ed. Planeta, Barcelona, 1999)

Qué mejor que abrazar la riqueza cultural. Comunicarse es lo importante y lo esencial, no estar defendiendo estúpidamente una lengua u otra. Todas las ciudades del mundo son hermosas y feas. El universo es infinito y nosotros somos minúsculos. Nunca he logrado entender a aquél que se empeña en ridiculizarse cerrándose y empequeñeciéndose. Soy alérgica a los nacionalismos, al separatismo y a la xenofobia, sorry.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA Antonia Tejeda Barros, Madrid, 2 de octubre de 2010

 

 

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