Das Unbehagen in der Kultur (El malestar en la cultura) es un librito fascinante el cual leí siendo adolescente y aburriéndome como una ostra; ya de mayor, lo volví a leer y lo disfruté mucho. Freud lo publicó en 1930, el mismo año que Ortega publicó La rebelión de las masas.
El librito podría resumirse así: existe un antagonismo entre nuestros instintos (el instinto de Eros y el instinto de muerte) y la represión que nos impone la cultura (el Über-Ich). Se supone que la cultura vela por la comunidad y nos protege de la destrucción, pero a costa de nuestra libertad individual (represión de las pulsiones sexuales y agresivas). La cultura, pues, parece generar un avance en la civilización, pero, a la vez, produce culpa individual, sufrimiento y malestar.
Freud (1856-1939) expone sus tesis demoledoras y explosivas sobre la cultura y la humanidad también en Totem und Tabu (1913), Die Zukunft einer Illusion (1927), Warum Krieg? (1933) y Der Mann Moses und die monotheistische Religion (1939).
En De l'interprétation. Essai sur Sigmund Freud (1965), Paul Ricœur llama a Marx, Nietzsche y Freud "les maîtres du soupçon" (los maestros de la sospecha). Los tres pensadores critican el racionalismo. Más allá de la razón se encuentran pulsiones más profundas: el materialismo dialéctico (Marx), la voluntad de poder (Nietzsche) y el inconsciente (Freud).
Sigmund Shlomo Freud, de familia judía, nace en 1856 en una pueblo de Moravia. Su padre, Jacob, tenía dos hijos de su matrimonio anterior. Su madre, Amalié (de soltera Nathansohn), era 20 años menor que Jacob. Jacob y Amelié tuvieron 8 hijos (Freud fue el mayor). Su hermano Julius muere a los 5 meses. Su hermana Anna muere en 1955. Alexander emigra a Suiza y luego a Canadá (+ 1943). 4 hermanas perecen en la Shoah: Regine, Maria y Pauline, en el campo de exterminio de Treblinka II (deportadas en 1942), y Esther, en Theresienstadt (+ 1943).
Freud conoce a Martha Bernays (1861-1951) en 1882. Se casan en 1886 y tienen 6 hijos: Mathilde Freud (1887-1978), Jean-Martin Freud (1889-1967), Oliver Freud (1891-1969), Ernst Ludwig Freud (1892-1970), Sophie Freud (1893-1920) y Anna Freud (1895-1982) (considerada, junto a Melanie Klein, la fundadora del psicoanálisis infantil).
En una carta para "Time & Tilde" (publicada en 1938 en UK), Freud denuncia el antisemitismo: "Llegué a Viena, cuando tenía 4 años, procedente de una pequeña ciudad de Moravia. Después de 78 años de asiduo trabajo hube de dejar mi hogar, vi disuelta la sociedad científica que había fundado, nuestras instituciones destruidas ... los libros que había publicado confiscados o reducidos a pulpa, mis hijos expulsados de sus ocupaciones (...) Me siento profundamente conmovido por el pasaje de su carta reconociendo un cierto crecimiento del antisemitismo también en este país. La actual persecución ¿no debería dar lugar más bien a una oleada de simpatía en esta nación?"
El psicoanálisis
En 1881/1882, Josef Breuer (1842-1925) trató a Ana O. (Bertha Pappenheim, 1859-1936), paciente que sufría de ataques de histeria, simplemente escuchándola. Este método se llamó "método catártico", fue desarrollado por Breuer y marcó el inicio del psicoanálisis. Breuer y Freud publican en 1895 Studien über Hysterie, donde se detallan los casos de varios pacientes histéricos, entre ellos Anna O, y se introduce el psicoanálisis como técnica de cura. La sociedad vienesa queda escandalizada. Freud se psicoanaliza.
A partir de 1902, algunos médicos empiezan a interesarse por el psicoanálisis. Alfred Adler (1870-1937), entre otros, organiza, en casa de Freud, la "Sociedad psicóloga de los miércoles". Carl Jung (1875–1961) se une más tarde.
En 1908 tiene lugar el primer Congreso Internacional del llamado "Círculo de Freud". En 1909 Freud da conferencias en USA y gana seguidores en Alemania, Suiza y Francia. En 1910 se crea la Asociación Psicoanalítica Internacional (Nuremberg). En 1911 Freud rompe con Adler; en 1913, rompe con Jung. Después de la Primera Guerra Mundial, el movimiento psicoanalítico se encuentra en pleno auge.
El psicoanálisis es método, acción (tratamiento) y saber. El psicoanálisis es el camino hacia el inconsciente, un camino de conquistas (siempre se abren caminos nuevos) y un camino de victorias (la toma de conciencia transforma y libera).
El complejo de Edipo, la moral y la religión
En 1899 Freud publica Die Traumdeutung, donde Freud afirma que todo hombre tiene en su infancia un doble deseo: matar al padre y casarse con su madre (complejo de Edipo); deseo que, prohibido culturalmente, reprimido, da origen a las neurosis.
En Totem und Tabu, Freud describe el origen de la civilización, la moral y la religión: el padre del hombre primitivo fue asesinado y devorado; este crimen, que se ha vuelto inconsciente, ha dejado huellas imborrables, puesto que las religiones no son más que el resultado de los ritos, ceremonias y sacrificios de culto por los que generaciones de hijos han tratado de redimirse adorando a su víctima. La historia procede del drama de Edipo: "los hermanos expulsados se reunieron un día, mataron al padre y devoraron su cadáver ... Unidos, emprendieron y llevaron a cabo lo que individualmente les hubiera sido imposible (...) Tratándose de salvajes caníbales, era natural que devorasen el cadáver (...) La comida totémica, quizá la primera fiesta de la humanidad, sería la reproducción conmemorativa de este acto criminal y memorable, que constituyó el punto de partida de las organizaciones sociales, de las restricciones morales y de la religión (...) la conciencia de culpabilidad del hijo engendró los dos tabúes fundamentales del totemismo ... con los cuales se inicia la moral humana".
Las primeras prohibiciones constituyen la base de la hostilidad contra la cultura: el canibalismo, el incesto y el homicidio.
Antes de adentrarnos en El malestar en la cultura, es preciso aclarar algunos términos cruciales del método psicoanalítico, base para entender el conflicto entre los instintos del individuo (la libertad individual) y la cultura.
El instinto libidinoso y el instinto de muerte
El ser humano posee el instinto libidinoso (pulsión sexual, Eros) y el instinto de muerte (pulsión de agresión y destrucción). El instinto de muerte es descrito por primera vez en Jenseits des Lustprinzips (1920): "además del Eros habría un instinto de muerte; los fenómenos vitales podrían ser explicados por la interacción y el antagonismo de ambos (...) La aceptación del instinto de muerte o de destrucción ha despertado resistencia aun en círculos analíticos (...) A quienes creen en los cuentos de hadas no les agrada oír ... la innata inclinación del hombre hacia ... la agresión, a la destrucción y con ello también a la crueldad". La agresividad es una disposición instintiva innata y autónoma: "el natural instinto humano de agresión, la hostilidad de uno contra todos y de todos contra uno, se opone a este designio de cultura".
Las pasiones instintivas son, para Freud, más poderosas que los intereses racionales, muy al contrario de Sartre, quien condena las pasiones y todo acto no racional como una excusa frente a nuestra propia responsabilidad: las excusas son "mauvaise foi" (L'être et le néant, 1943, y L'existencialisme est un humanisme, 1946).
Freud denomina interdicción al hecho de que un instinto no pueda ser satisfecho, prohibición a la institución que marca tal interdicción y privación al estado que la prohibición trae consigo.
Los tres niveles psíquicos: consciente, preconsciente e inconsciente
Freud publicó varios artículos entre 1913 y 1917 en "Internationaler Zeitschrift für Psychoanalyse" donde aclara varios términos psicoanalíticos: "Llamaremos ... "consciente" a la representación que se halla presente en nuestra consciencia y es objeto de nuestra percepción ... denominaremos "inconsciente" a aquellas representaciones latentes ... que se hallan contenidas en la vida anímica, como sucedía con la memoria."
Hay dos tipos de ideas latentes: las ideas "preconscientes": son latentes por debilidad y se hacen conscientes cuando adquieren fuerza; y las "inconscientes": son latentes y no penetran en la conciencia por fuertes que sean; solamente pueden salir a la superficie mediante el psicoanálisis. Estas ideas inconscientes se entrevén mediante la hipnosis, los sueños y los actos fallidos ("traiciones" que nos hace el inconsciente que dice o hace lo que conscientemente no hubiéramos dicho o hecho).
El Ich y el Es (el yo y el ello)
A primera vista pareciera que el yo fuera seguro y fuerte, pero esto es un engaño. La investigación psicoanalítica muestra que el yo continúa hacia dentro, sin límites, con una entidad psíquica inconsciente que se denomina ello. El inconsciente es inaccesible a la representación de la muerte propia, es ambivalente con las personas amadas y sanguinario con los extraños.
En la vida psíquica nada de lo formado puede desaparecer. Todo se conserva. El olvido (como destrucción) no existe. El ello es descrito por Freud como una caldera sin leyes lógicas; es primitivo, irracional, contradictorio, amoral y atemporal.
La idea inconsciente es excluida de la conciencia por medio de la represión: "Todo acto psíquico comienza por ser inconsciente, y puede continuar siéndolo o progresar hasta la conciencia, desarrollándose según tropiece o no con una resistencia (...) Los impulsos de deseos que jamás han rebasado el "ello" o las impresiones que han sido hundidas en él por la represión, son virtualmente inmortales, se comportan, incluso pasados varios decenios, como si acabaran de ocurrir. Sólo se las puede reconocer como pertenecientes al pasado y despojar de su energía, si se las vuelve conscientes mediante la elaboración psicoanalítica".
El yo es débil; incrustado entre el ello (el inconsciente) y el súper-yo (la conciencia moral), el yo lleva una vida nerviosa y angustiada.
El Über-Ich (el súper-yo)
Por medio de la cultura, la agresión es internalizada, devuelta al lugar de origen (el yo). El yo, en calidad ahora de súper-yo, se opone a la agresión y asume la función de conciencia, de moral. Esta agresividad ataca al yo con la misma agresividad que el yo habría atacado a un ser extraño. La cultura domina la agresión del individuo contra el ser extraño debilitándolo: "La tensión creada entre el severo súper-yo y el yo subordinado al mismo la calificamos de sentimiento de culpabilidad; se manifiesta bajo la forma de necesidad de castigo (...) El súper-yo tortura al pecaminoso yo con ... sensaciones de angustia". El súper-yo es la autoridad interior; la conciencia es una de las funciones que le atribuimos al súper-yo: vigila los actos e intenciones del yo y censura; el sentimiento de culpabilidad es la severidad del súper-yo y el rigor de la conciencia.
Según Freud, el súper-yo cultural y el súper-yo individual están relacionados: "El súper-yo de una época cultural determinada tiene un origen análogo al del súper-yo individual, pues se funda en la impresión que han dejado los grandes personajes (...) Ambos procesos -la evolución cultural de la masa y el desarrollo propio del individuo- siempre están ... en cierta manera conglutinados (...) Tal como el planeta gira en torno de su astro central, además de rotar alrededor de su propio eje, así también el individuo participa en el proceso evolutivo de la humanidad, recorriendo al mismo tiempo el camino de su propia vida."
El sentimiento de culpabilidad
El sentimiento de culpabilidad tiene dos orígenes: uno es el miedo a la autoridad; el otro, el temor al súper-yo. La cultura y el súper-yo nos obligan a reprimir los instintos: "el individuo ha trocado una catástrofe exterior amenazante -pérdida de amor y castigo por la autoridad exterior-, por una desgracia interior permanente: la tensión del sentimiento de culpabilidad". Los síntomas de la neurosis son, en esencia, satisfacciones sustitutivas de deseos sexuales no realizados: "Cuando un impulso instintual sufre la represión, sus elementos libidinales se convierten en síntomas y sus componentes agresivos, en sentimiento de culpabilidad".
Según Freud, la conciencia se formó primitivamente por la supresión de una agresión. El sentimiento de culpabilidad de la especie humana procede del complejo de Edipo: "el precio pagado por el proceso de la cultura reside en la pérdida de felicidad por aumento del sentimiento de culpabilidad."
La angustia
En Vorlesungen zur Einführung in die Psychoanalyse (1917) (conferencias pronunciadas en los años 1915, 1916 y 1917), Freud dedica un capítulo a la angustia (dentro de la "Teoría sexual"): "No creo tener necesidad de definir la angustia. Todos vosotros habéis experimentado, aunque sólo sea una vez en la vida, esta sensación, o, dicho con mayor exactitud, este estado afectivo". Los términos "nervioso" y "angustiado" no son sinónimos, puesto que "hay individuos 'angustiados' que no padecen neurosis alguna, y, en cambio, neuróticos que no presentan entre sus síntomas el de la propensión a la angustia". Freud diferencia la angustia real de la angustia neurótica: "Existe ... una angustia real, independiente por completo de la angustia neurótica, ... muy racional y comprensible ... reacción a la percepción de un peligro exterior, esto es, de un daño esperado y previsto. Esta reacción aparece enlazada al reflejo de fuga y podemos considerarla como una manifestación del instinto de conservación (...) Generalmente, la reacción a un peligro es un compuesto de sentimiento de angustia y acción defensiva. El animal asustado experimenta angustia y huye, pero únicamente la fuga responde a un fin, mientras que la angustia carece de él en absoluto (...) el estado de preparación ansiosa es útil y ventajoso, mientras que el desarrollo de angustia se nos muestra siempre como perjudicial y contrario al fin (...) la angustia se refiere tan sólo al estado, haciendo abstracción de todo objeto, mientras que en el miedo se halla ... concentrada la atención sobre una determinada causa objetiva. La palabra "susto" [designa] el efecto de un peligro al que no nos hallábamos preparados por un previo estado de angustia". Así pues, en teoría, nos defenderíamos del "susto" gracias a la angustia. En Die Zukunft einer Illusion, Freud sostiene que la madre es la primera en proteger al bebé contra la angustia.
En Das Ich und das Es, Freud ataca la idea generalizada de que toda angustia es, en realidad, miedo a la muerte: "El miedo a la muerte plantea al psicoanalista un difícil problema, pues la muerte es un concepto abstracto de contenido negativo, para el cual no nos es posible encontrar nada correlativo en el inconsciente".
Las fobias
En Das Ich und das Es, Freud sostiene que la angustia reside en el yo. La percepción del inconsciente, que el yo considera peligrosa, sale en forma de angustia. Las fobias nos "protegen" contra esta angustia: "El yo es la verdadera residencia de la angustia (...) desarrolla el yo el reflejo de fuga, retirando su carga propia de la percepción amenazadora ... en el ello y ... emitiéndola en calidad de angustia. Esta reacción primitiva es sustituida luego por el establecimiento de cargas de protección (mecanismos de fobias)".
En Obsessions et phobies. Leurs mécanisme et leur étiologie (artículo escrito originalmente en francés en 1894 y publicado en 1895), Freud distingue las obsesiones de las fobias. Ambas suelen corregirse e incluso curarse: "En toda obsesión hay dos elementos: 1º Una idea que se impone al enfermo. 2º Un estado motivo asociado (...) en las fobias, este estado emotivo es siempre la angustia, mientras que en las obsesiones ... puede ser ... cualquier otro, tal como la duda, el remordimiento o la cólera (...) las obsesiones son múltiples y más especializadas ... en cambio, las fobias, más bien monótonas y típicas (...) La angustia de este estado emotivo existente en el fondo de las fobias no se deriva de ningún recuerdo".
Los actos fallidos
En sus Vorlesungen zur Einführung in die Psychoanalyse, Freud describe los actos fallidos como fenómenos muy frecuentes, observables en toda persona sana: "Son estos fenómenos aquellos a los que nosotros damos el nombre de funciones fallidas (Fehlleistungen) o actos fallidos (Fehlhandlungen), y que se producen cuando una persona dice una palabra por otra, escribe cosa distinta de lo que tenía intención de escribir, lee en un texto impreso o manuscrito algo distinto de lo que en el mismo aparece, u oye cosa diferente de que se dice (...) Otra serie de estos fenómenos se basa en el olvido; pero no en un olvido duradero, sino temporal".
Das Unbehagen in der Kultur
Freud afirma que la vida es pesada y terrible, y que nos da sufrimiento y decepción. Para soportar la vida es necesario: 1) distracciones que nos reduzcan nuestra infelicidad y miseria (hobbies, actividad científica); 2) satisfacciones sustitutivas (el arte); 3) narcóticos que nos hagan insensibles a la vida.
Todos los seres humanos aspiran a la felicidad. Y quienes llegan a ser felices, no quieren dejar de serlo. Hay un fin positivo (experimentar el placer) y otro negativo (evitar el dolor): "Ninguna regla ... vale para todos; cada uno debe buscar por sí mismo la manera en que pueda ser feliz". Freud lanza una crítica mordaz a la religión: "La religión viene a perturbar este libre juego de elección y adaptación, al imponer a todos por igual su camino único para alcanzar la felicidad y evitar el sufrimiento. Su técnica consiste en reducir el valor de la vida y deformar delirantemente la imagen del mundo real (...) Las religiones de la humanidad deben ser consideradas como ... delirios colectivos. Desde luego, ninguno de los que comparten el delirio puede reconocerlo jamás como tal".
¿Por qué al ser humano le resulta tan difícil ser feliz? Según Freud, porque el sufrimiento es más intenso que el placer. Sentimos el sufrimiento en el propio cuerpo condenado a la decadencia y a la muerte (dolor y angustia), en el mundo exterior (supremacía de la Naturaleza), y en las relaciones con otros seres humanos (familia, Estado, sociedad). Bajo la presión del sufrimiento, el ser humano rebaja sus pretensiones de felicidad. "Ante situaciones de máximo sufrimiento ... se ponen en función determinados mecanismos psíquicos de protección". No podemos ponernos jamás en la piel de la gente que ha vivido la barbarie. La satisfacción de los instintos produce felicidad. La privación de la satisfacción de nuestros instintos (por el mundo exterior) es la causa de un intenso sufrimiento. La cultura siempre es represiva.
Según Freud, aniquilar los instintos (mediante el yoga o la meditación) es sacrificar la vida. El ermitaño huye del mundo (fuente del sufrimiento), pero no llegará muy lejos, pues la realidad es más fuerte. El artista es capaz de reorientar sus instintos (escapa de la frustración del mundo exterior) mediante la sublimación de los instintos. Según Freud, el arte es accesible a pocos, y el poder del arte produce placer pero es limitado para hacernos olvidar la miseria real.
El amor sexual nos proporciona, según Freud, la experiencia placentera más poderosa y nos forma un prototipo de felicidad. El amor inhibido es en su origen un amor sexual; y sigue siéndolo, en el inconsciente. La belleza deriva de las sensaciones sexuales.
El ser humano se niega a aceptar que las instituciones que él mismo ha creado (la cultura) traigan tanto sufrimiento, y cae en la neurosis porque no puede soportar la frustración que le impone la sociedad y la cultura. El ser humano sería más feliz si abandonara la cultura. El progreso de la técnica no nos trae la felicidad. Hablar por teléfono con un hijo que se halla lejos conlleva placer, pero ese hijo no estaría lejos si el ferrocarril no hubiera sido inventado.
La cultura nos separa de los animales y sirve para protegernos de la naturaleza y para regular las relaciones entre los seres humanos. El paso del poder individual al poder de la comunidad representa el paso hacia la cultura (la cultura va en contra de la libertad individual). Uno de los problemas del destino humano es si es posible una reconciliación entre la libertad individual y la colectiva. El gregarismo, tan criticado años antes por Nietzsche, "adiestra" al ser humano, pero al mismo tiempo lo reprime y lo estrangula.
La mayor parte de las satisfacciones sexuales son prohibidas por la cultura como perversiones. Hay una antítesis entre cultura y sexualidad. En la relación amorosa no hay interés por el mundo exterior.
Frente a "Amarás al prójimo como a ti mismo", Freud escribe que el amor es algo muy precioso y que no debe derrocharse. Si amo a alguien, es preciso que este lo merezca. Sería injusto amar a un extraño, pues los míos aprecian mi amor como una preferencia. Según Freud, no todos los seres humanos merecen ser amados. El prójimo no debería recibir nuestro amor, sino más bien nuestro odio, a no ser que nos demuestre respeto: "Este ser extraño no sólo es en general indigno de amor, sino que -para confesarlo sinceramente- merece mucho más mi hostilidad y aun mi odio. No parece alimentar el mínimo amor por mi persona (...) Siempre que le sea de alguna utilidad, no vacilará en perjudicarme (...) le bastará experimentar el menor placer para que no tenga escrúpulo alguno en denigrarme, en ofenderme, en difamarme, en exhibir su poderío sobre mi persona (...) si me demostrase consideración y respeto ... estaría dispuesto a retribuírselo de análoga manera (...) si ese ... mandamiento rezara: "Amarás al prójimo como el prójimo te ame a ti" nada tendría yo que objetar".
Según Freud, "Amarás a tus enemigos" es aún más inconcebible. Genera violencia, pues el ser humano posee una gran agresividad. El prójimo es un objeto sexual y una tentación para satisfacer la agresividad, para humillarlo, hacerle sufrir, matarlo. "Homo homini lupis". ¿Quién se atrevería a negar estas palabras después de la Shoah?
Debido a esta hostilidad entre los seres humanos, la sociedad se ve constantemente al borde de la desintegración. En 1915, Freud publica Consideraciones de actualidad sobre la guerra y la muerte. Profundamente afectado por la Gran Guerra, Freud reflexiona sobre la guerra y la muerte: "Arrastrados por el torbellino de esta época de guerra ... andamos descaminados". Y volviendo a la idea de que para el inconsciente la muerte no existe, Freud sostiene: "La muerte propia es inimaginable (...) Ante el muerto ... adoptamos una actitud ... como de admiración a alguien que ha llevado a cabo algo muy difícil. Le eximimos de toda crítica; le perdonamos, eventualmente, todas sus faltas (...) ¿No sería mejor dar a la muerte, en la realidad y en nuestros pensamientos, el lugar que le corresponde...? (...) Si quieres soportar la vida, prepárate para la muerte (...) La muerte no se deja ya negar; tenemos que creer en ella. Los hombres mueren de verdad, y no ya aisladamente, sino muchos, decenas de millares, y a veces, en un día".
En una carta a Einstein de 1932 (Warum Krieg?), Freud declara (exponiendo sus teorías sobre el instinto libidinoso y el instinto de muerte): "Usted expresa su asombro por el hecho de que sea tan fácil entusiasmar a los hombres para la guerra, y sospecha que algo, un instinto del odio y de la destrucción, obra en ellos facilitando ese enardecimiento (...) Nosotros creemos en la existencia de semejante instinto, y precisamente durante los últimos años hemos tratado de estudiar sus manifestaciones (...) los instintos de los hombres no pertenecen más que a dos categorías: o bien son aquéllos que tienden a conservar y a unir -los denominamos "eróticos" ... o "sexuales" ... o bien son los instintos que tienden a destruir y a matar: los comprendemos en los términos "instintos de agresión" o "de destrucción" (...) Es sumamente raro que un acto sea obra de una única tendencia instintiva (...) Uno ... de estos instintos es tan imprescindible como el otro, y de su acción conjunta y antagónica surgen las manifestaciones de la vida (...) La dificultad para aislar en sus manifestaciones ambas clases de instintos es la que durante tanto tiempo nos impidió reconocer su existencia (...) el placer de la agresión y de la destrucción: innumerables crueldades de la Historia y de la vida diaria destacan su existencia y su poderío (...) Nuestro instinto de destrucción ... obra en todo ser viviente, ocasionando la tendencia de llevarlo a su desintegración (...) El ser viviente protege en cierta manera su propia vida destruyendo la vida ajena (...) Si la disposición a la guerra es un producto del instinto de destrucción, lo más fácil será apelar al antagonista de ese instinto: al Eros". La guerra, en efecto, no es algo extraño, sino natural: "¿Por qué nos indignamos tanto contra la guerra, usted, y yo, y tantos otros? ¿Por qué no la aceptamos como una más entre las muchas dolorosas miserias de la vida? Parece natural; biológicamente bien fundada; prácticamente casi inevitable".
La cultura destruye al individuo (ya que reprime los instintos) pero también tiene un poder de salvación frente a la barbarie: "Entre los caracteres psicológicos de la cultura, dos parecen ser los más importantes: el fortalecimiento del intelecto, que comienza a dominar la vida instintiva, y la interiorización de las tendencias agresivas, con todas sus consecuencias ventajosas y peligrosas". Sin embargo, hay que recordar que Freud no conoció las deportaciones, los guetos, los campos de exterminio y las masacres de los Einsatzgruppen, y que el Holocausto fue producido por el país más culto del mundo: Alemania.
En Massenpsychologie und Ich-Analyse, Freud analiza la psicología individual (la relación con los padres, los hermanos, las personas amadas, el psicoanalista) y la psicología colectiva (la relación con la tribu, el pueblo, la clase social o la institución). El instinto social no es un instinto primario (su origen se halla en la familia). La base de la conciencia moral es la "angustia social". Freud hace un análisis muy lúcido sobre la masa: "La multitud es impulsiva, versátil e irritable y se deja guiar casi exclusivamente por lo inconsciente (...) Nada en ella es premeditado. Aun cuando desea apasionadamente algo, nunca lo desea mucho tiempo, pues es incapaz de una voluntad perseverante. No tolera aplazamiento alguno entre el deseo y la realización. Abriga un sentimiento de omnipotencia. La noción de lo imposible no existe para el individuo que forma parte de una multitud (...) La multitud es extraordinariamente influenciable y crédula (...) Las multitudes llegan rápidamente a lo extremo (...) Un principio de antipatía pasa a constituir en segundos un odio feroz (...) la multitud no reacciona sino a estímulos muy intensos. Para influir sobre ella es inútil argumentar lógicamente. En cambio, será preciso presentar imágenes de vivos colores y repetir una y otra vez las mismas cosas (...) en una masa desaparecen todas las inhibiciones individuales, mientras que todos los instintos crueles, brutales y destructores, residuos de épocas primitivas, latentes en el individuo, despiertan y buscan su libre satisfacción (...) La multitud es un dócil rebaño incapaz de vivir sin amo. Tiene tal sed de obedecer que se somete instintivamente a aquel que se erige su jefe (...) La masa da al individuo la impresión de un poder ilimitado y de un peligro invencible".
El nivel intelectual de la masa es siempre inferior al del individuo; sin embargo, el alma colectiva también es capaz de crear, como lo demuestra el lenguaje. La conducta moral de la masa es dudosa: las ideas opuestas coexisten sin estorbarse. Lo mismo ocurre en el niño y en el neurótico. Las masas no quieren la verdad; piden ilusiones. El predominio de lo imaginario y de la ilusión frente a la verdad es característico de las neurosis. Freud se pregunta: ¿se ha tornado la cultura, la humanidad, neurótica?
Freud dijo que el psicoanálisis no es una filosofía ni una concepción del mundo. Jacques Lacan propuso un retorno a Freud. Sobre el inconsciente, Lacan escribe: "L’inconscient est ce chapitre de mon histoire qui est marqué par un blanc ou occupé par un mensonge" (Fonction et champ de la parole et du langage en psychanalyse, 1956). "L'inconscient, c’est le discours de l'autre" (Écrits II, 1966).
La civilización actual deja insatisfecha a la mayoría. Las clases sociales oprimidas sienten una gran hostilidad contra la cultura: "una cultura que deja insatisfecho a un núcleo tan considerable de sus partícipes y los incita a la rebelión no puede durar mucho tiempo, ni tampoco lo merece". Para Freud, el arte no es una salvación (al contrario de Nietzsche y Ortega) pero produce una gran satisfacción y es un arma poderosa para escapar de la realidad: "La satisfacción que el arte procura ... permanece inasequible a las masas, absorbidas por el trabajo agotador y poco preparadas por la educación".
Según Freud, si se suprime la civilización, queda el estado de la naturaleza, que es mucho más difícil de soportar.
La distorsionada y escandalosa imagen de la mujer según Freud (un hombre castrado)
Freud acertó en muchas cosas pero se equivocó en muchas otras. Uno de sus errores más nefastos fue la distorsionada y escandalosa imagen de la mujer. Freud, a pesar de ser tan genial, no supo escapar de la nefasta tradición histórico-filosófica que denigraba a la mujer.
La mujer ha sido, desgraciadamente, discriminada, insultada y silenciada por la mayoría de los filósofos. Según Pitágoras, hay un principio bueno que ha creado el orden, la luz y el hombre, y un principio malo que ha creado el caos, las tinieblas y la mujer; Platón agradece a los dioses por ser libre y no esclavo, y por ser hombre y no mujer; según Aristóteles, la mujer es hembra en virtud de una cierta falta de cualidades; Rousseau escribe: "Les femmes, en général, n'aiment aucun art, ne se connaissent à aucun, et n'ont aucun génie" (Lettre à d'Alembert); para Hegel, los hombres viven para lo público y el Estado, y las mujeres, para lo privado y la familia. Los escandalosos escritos de Schopenhauer y Nietzsche en contra de la mujer son verdaderamente penosos. Schopenhauer afirmó: "Las mujeres son el sexus sequior (el segundo sexo), inferior al masculino en todo respecto; uno debe perdonar sus defectos, pero rendirles veneración es sumamente ridículo y nos degrada ante sus ojos". Nietzsche gritó penosamente en Ecce homo: "¡Ay, qué peligrosos, insinuantes, subterráneos animalillos de presa! (...) La mujer es indeciblemente más malvada que el hombre, también más lista; la bondad en la mujer es ya una forma de degeneración".
Según Freud, la obra cultural es masculina; las mujeres representan los intereses de la familia y de la vida sexual y están escasamente dotada para sublimar sus instintos (los únicos que subliman sus instintos y crean cultura son los hombres). Simone de Beauvoir (Tout compte fait) sostiene que Freud, ya de mayor, confesó que nunca había entendido nada de las mujeres. El machismo de la época condicionó a Freud a considerar a la mujer como un hombre incompleto, un hombre castrado. En Über die weibliche Sexualität, Freud afirma, penosamente: "[La mujer] reconoce el hecho de su castración, y con ello también la superioridad del hombre y su propia inferioridad"; "la niña pequeña descubre su propia deficiencia ante la vista de un órgano genital masculino (...) se aferra ... a la expectativa de adquirir alguna vez un órgano semejante"; "al final de esa primera fase de vinculación a la madre emerge, como motivo más poderoso para apartarse de ella, el reproche de no haberle dado a la niña un órgano genital completo ... el de haberla traído al mundo como mujer".
Crítica a la religión
Según Freud, la religión es incongruente e infantil. Esta idea, que ya se encuentra en Nietzsche, es recogida por Michel Onfray en su Traité d'athéologie (2005). Los dioses son invenciones culturales con un precedente infantil. En Die Zukunft einer Illusion, Freud hace una exposición sobre la génesis de la religión: "De niños, todos hemos pasado por un período de indefensión con respecto a nuestros padres ... que nos inspiraba un profundo temor, aunque al mismo tiempo estábamos seguros de su protección contra los peligros (...) el hombre [reviste] las fuerzas de la Naturaleza ... de un carácter paternal y las convierte en dioses, conforme a un prototipo infantil (...) las representaciones religiosas han nacido de la misma fuente que todas las demás conquistas de la cultura: de la necesidad de defenderse contra la abrumadora prepotencia de la Naturaleza (...) Dios es una superación del padre, y la necesidad de una instancia protectora".
Los principios religiosos son aceptados como ciertos por la absurda razón de que nuestros antepasados (mucho más ignorantes que nosotros) creyeron en ellos. Antes se creía que la Tierra era plana. Es muy probable que ocurra lo mismo con la religión. "[Los dogmas religiosos] son ... ilusiones indemostrables, y no es lícito obligar a nadie a aceptarlos como ciertos. Hay algunos tan inverosímiles y tan opuestos a todo lo que trabajosamente hemos llegado a averiguar sobre la realidad del mundo, que, salvando las diferencias psicológicas, podemos compararlos a las ideas delirantes (...) sería muy bello que hubiera un dios creador del mundo ..., un orden moral universal y una vida de ultratumba; pero encontramos harto singular que todo suceda así tan a medida de nuestros deseos. Y sería más extraño aún que nuestros pobres antepasados, ignorantes y faltos de libertad espiritual, hubiesen descubierto la solución de todos estos enigmas del mundo". Muchos seres humanos solamente pueden soportar la vida con el consuelo de la religión.
El destino del ser humano
El destino del ser humano dependerá de si la cultura puede actuar o no contra el instinto de agresión y autodestrucción: "Nuestros contemporáneos han llegado a tal extremo en el dominio de las fuerzas elementales, que con su ayuda les sería más fácil exterminarse mutuamente hasta el último hombre. Bien lo saben, y de ahí buena parte de su ... agitación, de su infelicidad y su angustia".
La cultura reprime los instintos pero "protege" a la sociedad. Los instintos agresivos exteriores del ser humano se tornan en instintos agresivos interiores. Con el fenómeno cultural, se padecen neurosis, pero se pretende que la Humanidad no se autodestruya. Para acabar con cierto humor, querría recordar al profesor David Dobel (Anything Else, 2003), creado por Woody Allen, que enseña arte a sus alumnos para que, según él, no se droguen, se peleen o se maten.
Antonia Tejeda Barros, Madrid, 7 de junio de 2011
Bibliografía
Freud, Sigmund, Tótem y tabú, Alianza Editorial, S. A., Madrid, 2011
Freud, Sigmund, El malestar en la cultura, Alianza Editorial, S. A., Madrid, 1990
Freud, Sigmund, “Consideraciones de actualidad sobre la guerra y la muerte” (1915), “Metapsicología” (conjunto de trabajos publicados entre 1913 y 1917 en “Internationaler Zeitschrift für Psychoanalyse”), publicados en El malestar en la cultura (y otros ensayos), Alianza Editorial, S. A., Madrid, 1990
Freud, Sigmund, “Psicología de las masas” (1921) y “El porvenir de una ilusión” (1927), publicados en Psicología de las masas (Psicología de las masas. Más allá del principio del placer. El porvenir de una ilusión), Alianza Editorial, S. A., Madrid, 2010
Freud, Sigmund, “El yo y el ello” (1923), “Obsesiones y fobias. Su mecanismo psíquico y su etiología” (1894), publicados en El yo y el ello y otros escritos de metapsicología, Alianza Editorial, S. A., Madrid, 2009
Freud, Sigmund, “Carta a Time & Tilde” (1938), publicada en Moisés y la religión monoteísta (y otros ensayos), Alianza Editorial, S. A., Madrid, 2001
Freud, Sigmund,”Sobre la sexualidad femenina”, publicado en Tres ensayos sobre teoría sexual y otros escritos, Alianza Editorial, S. A., Madrid, 2012
Nietzsche, Friedrich, Ecce homo, Alianza Editorial, S. A., Madrid, 2008
Schopenhauer, Arthur, El arte de tratar con las mujeres (título y selección de Fabio Morales), Alianza Editorial, S. A., Madrid, 2011

Antonia Tejeda Barros, Madrid, 7 de junio de 2011
Muchas gracias, Juan Manuel. Me alegro de que hayas disfrutado el Post. Freud es indispensable y genial.
Un abrazo desde Madrid,
Antonia
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Quiero agradecerte por el trabajo que te tomaste al elaborar esta entrada. Te hacés entender y acercás una pluralidad de intertextualidades a “El malestar en la cultura”. Y por cierto, todo muy prolijamente. De nuevo: ¡gracias!
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