Prácticas salvajes españolas

Siempre he desconfiado de la idea del progreso. Ortega escribe en Historia como sistema (1935 / 1941): “El progresismo que colocaba la verdad en un vago mañana ha sido el opio entontecedor de la humanidad”. La crisis de la razón anunciada por Adorno y Horkheimer sigue existiendo. “La religión de la razón, dice Mathiez, el apologeta de Robespierre, es tan intolerante como la antigua religión”, escribe Horkheimer en Traditionelle und Kritische Theorie (1937), dos años antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial. ¿Avanza la  sociedad? ¿El ser humano ha aprendido algo de la barbarie? En la Edad Media se torturaba de la forma más salvaje. Hoy, en pleno siglo XXI, hay 88 países que conservan aún la pena de muerte, maltratando en muchos casos física y psíquicamente a los presos (el caso de Abu-Jamal es espeluznante: estuvo 30 años en el pasillo de la muerte –death row– esperando en cualquier momento su ejecución). Según Amnesty International, en el 2012, 21 países llevaron a cabo al menos 2.677 ejecuciones. En Surveiller et punir. Naissance de la prison (1975), Foucault describe el paso de la tortura del cuerpo a la tortura del alma. El Holocausto europeo y el Holocausto asiático, ocurridos hace menos de 75 años, mostraron a la humanidad de una forma inimaginable toda la crueldad, brutalidad, violencia, impiedad, atrocidad, perversidad y salvajismo de los que es capaz el ser humano (Daniel Jonah Goldhagen describe brillantemente la complicidad en la barbarie del ser humano común en Hitler´s willing executioners. Ordinary Germans and the Holocaust, un libro que, irónicamente, ha sido un bestseller en Alemania). La Segunda Guerra Mundial (con 72 millones de muertos, medio mundo arrasado y la desaparición de todos los valores morales) enseñó muy poco al ser humano. Después de 1945, por un lado, la democracia capitalista generaba injusticias sociales enormes, hambre, miseria, explotación, analfabetismo y prostitución infantil. Por otro lado, el comunismo, con sus horribles dictaduras, estrangulaba la libertad, imponía el terror y mandaba al exilio a millones de personas. El ideal fascista empezó muy pronto a renacer y generó golpes de estado en toda Latinoamérica, asentando dictaduras sangrientas, torturando, matando y partiendo familias y raíces para siempre. Las guerras y los conflictos siguieron: Vietnam, Bosnia, Ruanda, Irlanda del Norte, Israel-Palestina … los holocaustos se olvidaron y se buscaron a nuevos enemigos que justificaron, de nuevo, la barbarie y la atrocidad.

Hoy, sin embargo, no quisiera hablar de las guerras y conflictos entre enemigos ni del salvajismo de la humanidad, sino de las prácticas salvajes que aplican o mandan aplicar las madres y los padres a sus hijas y sus hijos, con amor, sexismo, tradición y religión.

La humanidad ha producido y produce muchas prácticas salvajes: el vendado de pies, práctica macabra que se aplicó a las niñas chinas de clase alta de entre 2 y 5 años hasta principios del siglo XX, que consistía en la rotura de los dedos de los pies y un vendaje que deformada los pies e impedía que éstos crecieran, convirtiendo a las víctimas (cuyos “pies de loto” eran considerados un símbolo de belleza y estatus) en discapacitadas; la circuncisión infantil de judíos (realizada a los 8 días de vida), musulmanes (realizada por lo general a los 5 años), y otros bebés recién nacidos, verdadero atentado contra la dignidad del bebé y los derechos humanos (no hay ninguna asociación de pediatría que recomiende la circuncisión rutinaria; según la OMS, el 30 % de los hombres está circuncidado, y sólo un 1 % lo está por razones médicas); la abominable extirpación del clítoris (y labios menores y mayores de la vagina), conocida como circuncisión o mutilación genital femenina, practicada hoy en día en 28 países africanos, en unos pocos países asiáticos, y en grupos de población inmigrante en Europa, Norteamérica y Oceanía (entre 100 y 140 millones de niñas y mujeres han sido víctimas de esta salvajada, y se estima que alrededor de 2 millones de niñas y mujeres lo es y será cada año); y la conocida y chocante práctica de las mujeres suri y mursi en Etiopía llamada plato o disco labial, que deforma impresionantemente la cara y se realiza alrededor de los 15 y 18 años, justo antes de casarse.

Pero hoy tampoco quisiera hablar de las salvajadas practicadas por otros pueblos, religiones y culturas, sino de una crueldad disfrazada de tradición practicada aquí en España, permitida por la ley y apenas cuestionada: la perforación de las orejas en bebés recién nacidas y niñas. Muchos españoles consideran el vendado de pies, la circuncisión masculina y femenina, y el disco labial prácticas salvajes y primitivas, y con razón. Sin embargo, no dudan en perforar las orejas a sus hijitas recién nacidas, atentando contra la dignidad del bebé. La perforación de las orejas no deja de ser un abuso físico. Se maltrata al bebé para marcar una distinción sexual. Siguiendo la filosofía existencialista sartreana (L’être et le néant, 1943, L’existencialisme est un humanisme, 1945), el ser humano no posee naturaleza humana, sino una condición humana. El hombre empieza por no ser nada, y se define después. “L’existence précède l’essence” dirá Sartre explosivamente en L’existencialisme est un humanisme. El hombre no tiene naturaleza; la mujer, tampoco. No existe, por tanto, una naturaleza femenina, sino una condición femenina. En la primera y célebre frase del Capítulo I del Tomo II de Le deuxième sexe (1949), Simone de Beauvoir lanza un grito a la libertad: “On ne naît pas femme: on le devient”. La mujer, al igual que el hombre, no es, sino que deviene. ¿Por qué entonces hacer una distinción tan marcada del sexo nada más nacer? ¿Qué necesidad tan imperiosa hay de mostrar a los demás el sexo del recién nacido? Por otro lado, para los que no son sartreanos, yo pregunto: ¿es acaso una bebé vestida de azul y sin pendientes algo tan terrible? Se perfora y se hiere para afeminar a la recién nacida. Nadie en España perfora las orejas a sus hijos varones, aunque el padre lleve piercing.

Hasta hace muy poco, en España se ponían los pendientes a las bebés en el hospital; ahora los hospitales españoles no los ponen, así que los padres tienen la posibilidad de agujerear las orejas a sus hijas a los pocos días de vida, por tan sólo 12 €, en una farmacia. Aquí en España, los pediatras recomiendan esperar 2 meses para agujerear las orejas a las bebés. La American Academy of Pediatrics recomienda esperar hasta que la niña tenga al menos 2 años. Hay riesgo de infecciones, desgarro y tragado accidental. Los padres creen ingenuamente que a sus hijas no les duele la perforación. Claro que les duele. Son personas, no cosas. Desgraciadamente, aquí en España la perforación de las orejas en recién nacidas y niñas es una práctica sistemática. Mi hija Yael (de 7 años) es, creo yo, la única niña de su colegio que no tiene agujeros en las orejas. Mi hija Dalit (de 5 meses), por supuesto, tampoco tiene. Cuando ellas sean grandes, podrán hacerse mil piercing si así lo desean. Pero ésa será su decisión, una decisión de adulta tomada con conciencia y libertad.

Yo me pregunto: ¿qué padre sería tan salvaje de ponerle un piercing en la lengua, la nariz o los pechos a su bebé recién nacido? ¿No sería monstruoso? No es tradición, por eso se ve monstruoso. Agujerear las orejas a las bebés y niñas es una monstruosidad disfrazada de tradición. Este salvajismo ni se cuestiona, porque la sociedad española sigue siendo una sociedad sexista y atrasada, que funciona por inercia y tradición.

El piercing es una violación a la libertad del bebé. Hay quien argumenta que el bebé tampoco decide si quiere bañarse o vacunarse. Es verdad. Pero bañarse es necesario y vacunarse tiene sus ventajas (aunque también sea hoy un tema de controversia). El dolor del pinchazo de la vacuna es necesario para evitar enfermedades severas. El dolor del piercing es un dolor innecesario, puesto que llevar pendientes no es más sano para el bebé (al contrario) ni lo protege contra ninguna enfermedad; corresponde sólo a un deseo de los padres: un deseo de “adornar” al bebé, como si el bebé fuera un florero. ¿Por qué no, entonces, acompañar los pendientes con un tatuaje en el brazo? Hay quien dice: “Mi hijo es mío, hago lo que quiero y no es asunto tuyo”. En parte es verdad. Pero sólo en parte. Siempre y cuando no se hiera al bebé, es asunto de los padres. Cuando hay abuso y dolor innecesario, es asunto de todos. Agujerear las orejas a las bebés y niñas es un abuso y una crueldad.

Pongamos fin a las prácticas salvajes. El bebé es un ser humano, no un peluche ni una barbie… No atentemos contra su cuerpecito.

Antonia Tejeda Barros, Madrid, 20 de diciembre, 2013.

A modo de ilustración y con bebés más creciditos (Enjoy!):

http://www.youtube.com/watch?v=bx36uoOcT3g

http://www.youtube.com/watch?v=veuZ7nBfN48

http://www.youtube.com/watch?v=N4UeOyTnPxI

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No me gusta que me roben lo que es mío

Pertenezco a esa generación de niños que les tocó, tras el bombardeo de La Moneda, nacer en otro país. Ahora somos adultos sin raíces, tal vez cosmopolitas, multiculturales, pero con familias disgregadas, con hermanos, primos, tíos, padres y abuelos a miles de kilómetros de distancia.

Soy una española que toma tecito todo el día, que duerme con guatero, que lee a Neruda y a la que le encanta el manjar. Poseo la sensibilidad y la dulzura chilena, y la alegría y la mala leche española. Tengo una parte chilena, otra española y otra catalana, y las disfruto todas. Pero no me gusta que me roben lo que es mío. Y aquel 11 de septiembre a muchos futuros niños se les robó una parte de sus raíces, una parte de su libertad. Hubo más de 200.000 exiliados, los hijos de los cuales perdimos para siempre una parte de nuestra identidad.

Mi padre se fue de Chile en noviembre del 73. Mi madre se reunió con él en Italia en el 74. De Italia pasaron a Hungría, y de Hungría, a España. Yo nací en Barcelona en el 75. Mi abuela Marina, una mujer de izquierda, intelectual y fascinante, fue torturada en cuatro centros de detención y tortura chilenos. Nunca quiso hablar abiertamente de las atrocidades que le hicieron. La liberó (al cabo de cuatro meses) su tío segundo el cardenal Silva Enríquez, un personaje importante en Chile, admirado por los momios católicos y defensor de los derechos humanos.

Según la Comisión Valech (2003–2010) y la Comisión Valech II (2010–2011), hubo más de 30.000 personas que fueron detenidas y torturadas bajo la Dictadura Militar. Hubo 3.065 muertos y desaparecidos (entre ellos nueve mujeres embarazadas y 307 bebés, niños y adolescentes). Ninguno de ellos tuvo a un tío cardenal que los sacara de ese infierno. Cuesta entender que haya gente hoy en día que siga idealizando un régimen de tortura y horror que partió a Chile en dos para siempre y dejó una mancha de sangre, humillación y vergüenza en su historia.

Hoy soy una persona sin raíces. Me adapto como un camaleón al país que sea, al idioma que sea, a la gente que sea. He formado mi propia familia (porque la otra, la disgregada, apenas existe ya), una familia multicultural que habla español, inglés y hebreo. Mi marido nació en Jerusalén; sus padres son judíos y norteamericanos. En casa comemos tortilla de patatas, crema catalana, falafel, chocolate chip cookies, aguacate (palta) y maíz (choclo). Nuestros hijos Yael, Itay y Dalit meriendan churros, celebran el Tió, encienden velas en Hanukkah y adoran el cuento mapuche El día que Txeg Txeg y Kay Kay no se saludaron.

En casa tenemos cuatro pasaportes diferentes. A mi marido le dieron los pasaportes israelí y norteamericano cuando nació. Yo obtuve la nacionalidad chilena solo a los 33 años. Pinochet decidió que los hijos de los exiliados no teníamos derecho a ser chilenos. Más que de un castigo, se trataba de una humillación. Muchos de aquellos niños no tuvieron tanta suerte como yo (yo fui española desde que nací) y fueron apátridas por mucho tiempo. Las navegaciones y regresos de mis padres y de los padres de mi marido son muy diferentes. Mis suegros emigraron de EEUU porque quisieron ir a vivir a Israel. Nadie había hecho desaparecer a sus vecinos, sus amigos o sus familiares; se fueron a un nuevo país con ilusión. Mis padres, al contrario, tuvieron que huir de Chile con miedo e incertidumbre. Vivieron en Italia y en Hungría antes de aterrizar en España; siempre les quedó ese agujero en las entrañas, la terrible sensación de que habían sido expulsados de su país y de que tal vez nunca podrían regresar. Mi padre volvió al cabo de 15 años a Chile, en 1988, porque, según él, echaba de menos las marraquetas.

Yo no soy nacionalista. No puedo serlo, porque no tengo nación. Pertenezco a varios mundos y, a la vez, me siento extraña en todos ellos. La Beca Pinochet dejó a todos aquellos niños a los que nos tocó nacer en otro país como flotando por el espacio. Somos extranjeros en todos lados. A mí me encanta vivir sin fronteras, pero me hubiera gustado haber podido escoger y no que me quitaran lo que era mío. Todos aquellos niños a los que nos robaron nuestra ciudad y nuestros abuelos perdimos, para siempre, algo inmenso y valioso. Pinochet nos robó una parte de la familia y un trocito de tierra que ya jamás serán del todo nuestros.

yael-antonia-1-B-N Antonia Tejeda Barros, Madrid, 11 de septiembre de 2013

Publicado en El Mostrador el 12 de septiembre de 2013 y en Humano, creativamente humano en septiembre de 2015

(Bombardeo del Palacio de La Moneda, Santiago de Chile, 11 de septiembre de 1973. Biblioteca del Congreso Nacional de Chile)

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¿Ratzinger? No, gracias

Sinceramente, no pienso que haya habido en la historia de la Iglesia Católica ningún papa digno de ser admirado. Y Ratzinger, desde luego, no ha sido la excepción. Otras religiones poseen figuras carismáticas y fascinantes, como el hinduismo, con Gandhi, o el budismo, con el Dalai Lama (un hombre abierto al diálogo y al respeto, sabio y pacífico, que jamás se ha dedicado a excluir a nadie y que se pronuncia continuamente a favor de la paz interreligiosa y la paz mundial).

El pasado 28 de febreroRatzinger dimitió. El genial Hans Küng, en una entrevista aparecida el 18 de febrero de 2013 en Der Spiegel comenta que cuando un papa ya no es capaz de hacer su trabajo debe dimitir. Küng declara que el nuevo papa no debiera estar anclado en la Edad Media sino abierto a las reformas y a la edad moderna, un papa que respete los derechos humanos y las mujeres. ¿Será la Iglesia Católica capaz de tanto cambio?

La historia de los papas deja mucho que desear. Dos de los casos más espeluznantes son los de Pío XI (1857 – 1939, proclamado papa en 1922) y Pío XII (1876 – 1958, proclamado papa en 1939), papas que apoyaron abiertamente el fascismo y el nazismo. El 20 de julio de 1933 tuvo lugar en Roma el Reichskonkordat: el pacto del Vaticano con Hitler, con Pío XI como papa. Dos meses antes, el 10 de mayo, los estudiantes habían quemado en Berlín 25.000 libros “anti-alemanes” (libros de Marx, Brecht, Benjamin, Bloch, Einstein, Freud, Hemingway, Kafka y Heine, entre otros). Heine había escrito proféticamente un siglo antes, en 1820 – 21: “Dort, wo man Bücher verbrennt, verbrennt man am Ende auch Menschen” (“Allí donde se queman libros, se acaba también quemando a los hombres”). El 15 de septiembre de 1935 se dictaron las Leyes de Núremberg (Nürnberger Gesetze): la “Ley para la protección de la sangre alemana y el honor alemán” y la “Ley de la ciudadanía del Reich”. Las Leyes de Núremberg fueron leyes raciales antisemitas que definían y discriminaban brutalmente a los judíos. Los judíos se dividían en: 1) 100 % judío (4 abuelos judíos o 3 abuelos judíos); 2) 50 % judío (madre o padre judíos o 2 abuelos judíos, llamado “Mischling ersten Grades“ (híbrido de 1er grado); y 3) 25 % judío (1 abuelo judío), llamado “Mischling zweiten Grades“ (híbrido de 2º grado). Mis hijos Yael e Itay, por ejemplo, hubieran sido considerados “híbridos de 1er grado”. A todos los considerados “judíos” se les privaba de la ciudadanía alemana y se les prohibía participar en la vida social alemana. Se prohibía el matrimonio y las relaciones sexuales entre judíos y no judíos. Se prohibía a los judíos contratar a sirvientas menores de 45 años no judías. Los judíos tenían prohibido usar la bandera del Reich o los colores nacionales. Una diferencia crucial entre las Leyes de Núremberg y otras discriminaciones que sufrieron los judíos en el pasado (bajo los salvajes Reyes Católicos y la Inquisición, por ejemplo) es que no había escapatoria: la conversión era inútil. El judío se definía por su sangre, no por su religión. La única escapatoria posible era el exilio (posibilidad que se les vetó muy pronto). Las macabras Leyes de Núremberg daban carta blanca para boicotear y destruir los negocios judíos y para humillar, golpear, arrestar y torturar a los judíos. Pío XI y Pío XII hicieron oídos sordos a estas brutalidades, preludio del Holocausto.

En la famosa encíclica del 14 de marzo de 1937 titulada “Mit Brennender Sorge“, Pío XI demuestra su preocupación por el trato a los alemanes católicos y en la desviación de la fe hacia una visión panteísta. ¿Y los judíos? En ningún lado condena las Leyes Raciales de Núremberg. Cinco días después, el 19 de marzo de 1937, Pío XI se expresó abiertamente contra el “comunismo ateo” en la encíclica titulada “Divini Redemptoris“. Aquello sí que era un peligro: el comunismo, no por el terror que este infundía, las matanzas y la falta de libertad, sino por su marcado tinte ateo. El Vaticano nunca se pronunció abiertamente contra el fascismo ni el nazismo y calló antes y después de Auschwitz, Treblinka, Belzec, Chelmno y Majdanek. Cuatro días después de haber sido nombrado papa, el 6 de marzo de 1939, Pío XII escribió una carta a Berlín, donde expresó su gran admiración por la política del Tercer Reich. Pío XII no dijo ni “pío” por las víctimas y se dedicó a alabar al Tercer Reich en varias cartas, a felicitar a Hitler y a rezar por él.

¿Por qué la Iglesia ha estado (casi) siempre cerca de los fascismos, parafascismos y la derecha? ¿Es realmente el ateísmo una amenaza tan terrible, capaz de pasar por alto las cámaras de gas, las marchas de la muerte, los fusilamientos en masa, las masacres de pueblos enteros, los golpes de estado, las torturas y la falta de libertad? ¿Cuándo empezará la Iglesia Católica a defender el verdadero amor universal, sin exclusiones, sin corrupción y sin hipocresía?

Ratzinger nació en 1927 en Baviera. En 1941, a los 14 años, entró en las Juventudes Hitlerianas (Hitlerjugend). Se dice que su familia se oponía al nazismo, no por las atrocidades hacia los judíos, desde luego, sino por el Plan Eutanasia. El Plan Eutanasia (Aktion T4) existió oficialmente desde septiembre de 1939 hasta agosto de 1941, pero continuó clandestinamente hasta 1945. Se estima que unos 200.000 discapacitados alemanes y austríacos fueron asesinados en hospitales y pequeñas cámaras de gas. Algunos católicos, que antes habían callado con las Leyes de Núremberg y el salvaje trato a judíos y zíngaros (Roma y Sinti) del régimen nazi, se opusieron abiertamente al Aktion T4. Ratzinger tenía un primo con Síndrome de Down que en 1941 fue llevado a un centro y asesinado. A los 16 años Ratzinger fue llamado a filas, defendió la fábrica de BMW (que utilizaba mano de obra de prisioneros de Dachau) y participó en el servicio de defensa alemán en 1944. En 1945 fue hecho prisionero por soldados aliados.

Ratzinger presidió desde 1981 hasta el 2005 la Congregación para la Doctrina de la Fe (Congregatio pro Doctrina Fidei), un tribunal católico con una fuerte censura e influencia. Ratzinger no fue demasiado respetuoso con las demás religiones (poco después de haber sido nombrado papa, en el 2005, Ratzinger definió el islam como una religión violenta), y fue débil y silencioso respecto a los asquerosos casos de pederastia perpetuados por curas y miembros del clero católico. Las famosas declaraciones sobre el SIDA en África en el 2009 fueron muy nocivas: “[El SIDA] es una tragedia que no puede superarse con la distribución de preservativos, los cuales incluso agravan los problemas”.

Richard Dawkins escribió en The Guardian el 22 de septiembre de 2010 un artículo titulado Ratzinger is an enemy of humanity”. Dawkins denuncia los ataques que Ratzinger pronunció en Edimburgo en el 2010 contra ateos y seculares, donde culpó al ateísmo de las barbaries del siglo XX: “Ratzinger is an enemy of humanity (…) He is an enemy of children, whose bodies he has allowed to be abused and whose minds he has encouraged to be infected with guilt. It is embarrassingly clear that the church is less concerned with saving child bodies from abusers than with saving priestly souls from hell (…) He is an enemy of gay people (…) He is an enemy of women – barring them from the priesthood as though a penis were an essential tool for pastoral duties. What other employer is allowed to discriminate on grounds of sex …? He is an enemy of truth, promoting barefaced lies about condoms not protecting against Aids (…) He is an enemy of science, obstructing vital stem cell research (…) he is an enemy of education (…) he and his church foster the educationally pernicious doctrine that evidence is a less reliable basis for belief than faith, tradition, revelation and authority – his authority.”

La renuncia de Ratzinger se ha comparado, como ha apuntado el sabio filósofo y teólogo Manuel Fraijó en su interesante artículo “Elogio de una renuncia” (aparecido en El País el 12 de febrero de 2013) con la renuncia del papa Celestino V (c. 1215 – 1296). La gran diferencia radica en que Celestino V fue papa solamente 5 meses (en 1294) y, después de dimitir, se retiró a su vida de ermitaño y no molestó a nadie. Ratzinger, sin embargo, fue papa durante 8 años (del 2005 al 2013), saboreó el poder por bastante tiempo, su papado fue conservador y retrógrado, y ahora se retira para rezar y escribir, aunque hay muchos que dicen que seguirá vigilando por encima del hombro a los futuros papas y su sombra estorbará hasta que muera. El gesto de Celestino V definió su canonización en 1313. ¿Habrá sido esta la verdadera razón de Ratzinger (el afán de gloria eterna, el deseo de ser transformado de diablillo a santo) la que le ha llevado a dimitir?

Ratzinger fue, eso sí, un intelectual brillante. En el Concilio Vaticano II (1962–1965) fue, junto a Hans Küng, uno de los peritos más jóvenes e influyentes, y abogó por la apertura de la Iglesia. ¿Qué le pasó después? Se dice que desde la revuelta estudiantil del 68, Ratzinger tomó un giro ultraconservador. Durante su papado no habló de diálogo interreligioso, no defendió a los homosexuales, no le dio a la mujer la dignidad que se merece, no luchó contra las enfermedades de transmisión sexual ni animó a los católicos a usar el preservativo, no tuvo una posición moderada frente al aborto y la eutanasia y no modernizó la Iglesia. ¿Cómo es posible que una persona con tanta influencia (actualmente hay unos 1.000 millones de católicos en el mundo) no haya hecho un esfuerzo por mejorar la Iglesis Católica?

Voltaire escribió en 1752: “Un ministre est excusable du mal qu’il fait (…) mais dans le calme il est coupable de tout le bien qu’il ne fait pas” (Le Siècle de Louis XIV). Esta cita ha degenerado en: “todo hombre es culpable del bien que no hace”. Stan Lee escribió una de las citas más hermosas sobre responsabilidad en un cómic de Spider-Man: “With great power there must also come — great responsibility!” (Amazing Fantasy #15, 1962). Pero supongo que Ratzinger no leyó demasiado a Spider-Man. Su pobre trayectoria puede resumirse en: poquito esfuerzo por la la paz interreligiosa, poquito esfuerzo por la paz mundial, y mucho esfuerzo por excluir, condenar, desunir y decepcionar. Estoy segura de que muy pocos le echarán de menos.

Antonia Tejeda Barros, Madrid, 21 de marzo de 2013

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Dear Dorothea

Dear Dorothea,

I cannot believe that you are gone. I feel so much pain, emptiness and sadness. I even couldn’t say goodbye to you.

I remember your smile, your kindness, your harmony and your great lessons. You were an amazing teacher, a great musician, a real artist, a guide, a friend. You revealed to me and to so many others all the secrets of the recorder and you showed us a fantastic world of music, elegance and good taste. Your lessons were poetic, wonderful and inspiring. They were lessons about music as well as lessons about life.

What is it about death that is so horrible? Death is loneliness, death is emptiness. Death is coldness and solitude. Unamuno said: “Porque los hombres vivimos juntos, pero cada uno se muere solo y la muerte es la suprema soledad.” (La agonía del cristianismo). [“Because men live together, but each of us dies alone and death is the supreme solitude.”, The Agony of Christianity]. In death, the art and music of life are gone. I close my eyes and imagine you silent, cold and alone.

What is left, for us, after your death, Dorothea? Our memories, the beautiful moments each of us had with you, the music you taught us, the love you gave us, the sparkling positive attitude that you always irradiated and the memory of your beautiful smile, your wise words, your humanity and your tenderness. But it’s not enough. I want to hear your voice. I want to hug you and know that you are happy and well.

In 2 weeks you would have celebrated your 63th birthday. It is so painful for me to know that I will not be able to write you, call you or see you anymore. You gave me so much and I can’t accept that you are gone. I can’t listen to beautiful recorder music without crying. I will always keep you in my heart. I love you and I miss you.

Antonia Tejeda Barros, Madrid, November 15, 2012

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Hans Küng

Como atea siempre me emociono cuando encuentro personajes religiosos y creyentes que son abiertos, intelectuales y críticos con la religión y la Iglesia. Desde luego no abundan. Y cada uno de ellos es una joya para la humanidad. Para aquellos que no creen, son una joya porque los no creyentes ven reflejadas sus ideas y sus críticas en boca de alguien que cree; para los creyentes, son una joya porque las críticas de la religión y la Iglesia, venidas de alguien que cree, puede abrirles los ojos más rápidamente.

Descubrí la obra de Hans Küng hace poco. Y estoy impresionada. Küng (Suiza, 1928) es un teólogo católico y un pensador sobresaliente. Estudió filosofía y teología en Roma y París. Ha recibido 15 doctorados Honoris Causa en Teología, Filosofía, Derecho y Ciencias Humanas (la Facultad de Filosofía de la UNED, con el brillante Manuel Fraijó como decano de la Facultad, quien fue alumno de Küng en la Universidad de Tubinga, le concedió el año pasado un doctorado Honoris Causa en Filosofía). Küng participó en el Concilio Vaticano II (1962 – 1965), gracias al cual la Iglesia se “modernizó” un poquito, siempre limitadamente, claro está, e hizo un intento de dialogar con las otras religiones. Küng está en contra del celibato obligatorio y la jerarquía de la Iglesia. Condena abiertamente los abusos y casos de pederastia perpetrados por curas, cardenales y obispos, y condena también el silencio del papa al respecto. Es defensor de los derechos de la mujer, del divorcio, los anticonceptivos, el aborto, la eutanasia, el diálogo entre todas las religiones y la paz interreligiosa.

El papa Pablo VI escribió en 1968 una encíclica en contra de la anticoncepción, a la que Küng contestó en 1970 con su escrito ¿Infalible?, donde cuestionó la infalibilidad pontificia (dogma establecido en el Concilio Vaticano I, en 1870, según el cual todo lo expresado por el papa debe ser aceptado incuestionablemente). Su escrito fue castigado con la prohibición de la docencia eclesiástica: “Mi cuestionamiento no fue contestado por el Vaticano, sino castigado … en un procedimiento inquisitorial que, el 18 de diciembre de 1979, terminó retirándome la licencia docendi eclesiástica”. En 1995, Küng creó la Fundación para la Ética Mundial. Según Küng, es imposible sobrevivir sin una ética mundial. La paz mundial es imposible sin paz religiosa. Y la paz religiosa es imposible sin un diálogo entre todas las religiones: “No puede haber paz entre las naciones sin paz entre las religiones … ¡Imposible la paz mundial sin paz religiosa!”

Algunas de sus obras son: Existiert Gott? (1978), Projekt Weltethos (1990), Die Frau Im Christentum (2002), Was ich glaube (2009).

Küng habla del “doble rostro” de las religiones: las religiones tienen una capacidad destructiva enorme (se mata “en nombre de Dios”) y son también defensoras de la paz (discrepo con Küng en este punto). Küng explica que la Iglesia condenó los derechos humanos como anticristianos hasta Juan XXIII y el Concilio Vaticano II. La moral debe de ser universal. Lo más importante es la dignidad del hombre. La autocrítica es fundamental para el diálogo interreligioso. Según Küng, la gente ha dejado de creer por culpa de la Iglesia. Küng defiende una vuelta a los orígenes de la religión. Para él, Cristo y la escatología son las respuestas (la verdad es que resulta un poco extraño que una persona tan culta, interesante y abierta se apoye tan ciegamente en Jesús y la resurrección de los muertos, pero ésas son creencias personales). Küng defiende el amor, la paz, el diálogo, la compasión y los derechos humanos por encima de todo.

Referente a la mujer, Küng escribe: “Para la mayor parte de las religiones mundiales la “mujer” es un “problema”: desde los tiempos más remotos subordinada siempre al hombre, en segundo plano dentro de la familia, de la política y de la economía, limitada en sus derechos, incluidos los referentes a su participación en el culto. La igualdad de derechos de la mujer es una magna tarea por cumplir no sólo dentro del cristianismo” (Die Frau Im Christentum).

Referente al poder destructivo de las religiones, Küng escribe: “Por lo que respecta a lo negativo, a su capacidad destructiva, parece innegable que [las religiones] han dispuesto, y todavía disponen, de un inmenso potencial. Demasiadas son las luchas, los conflictos sangrientos y las “guerras de religión” que cargan en su cuenta, y demasiados también los conflictos económico-político-militares, en parte iniciados por ellas, o que han recibido de ellas su identidad, inspiración e incluso -como las dos guerras mundiales- su legitimación” (Projekt Weltethos).

Küng declara que todo aquel que niegue el Holocausto (definido por Küng como el mayor crimen de la historia de la humanidad) no puede formar parte de la Iglesia Católica. En el Concilio Vaticano II Küng sugirió que el brutal antisemitismo nazi tenía sus raíces en el antisemitismo que se respira en el cristianismo, especialmente en el protestantismo. No olvidemos que Lutero fue el gran antisemita. Su brutal Von den Juden und Ihren Lügen (1543) excusó el maltrato y humillación de los judíos y fue un bestseller en vida de Lutero: “¿Qué debemos hacer, nosotros cristianos, con los judíos, esta gente rechazada y condenada? … No osamos tolerar … sus mentiras, sus injurias y sus blasfemias (…) debemos prender fuego a sus sinagogas o escuelas y enterrar y tapar con suciedad todo a lo que no prendamos fuego, para que ningún hombre vuelva a ver de ellos piedra o ceniza. Esto ha de hacerse en honor a Nuestro Señor y a la cristiandad, de modo que Dios vea que nosotros somos cristianos y que no aprobamos ni toleramos a sabiendas tales mentiras, maldiciones y blasfemias a Su Hijo y a sus cristianos (…) En Deuteronomio 13:12, Moisés escribe que cualquier ciudad que se entrega a la idolatría ha de ser totalmente destruida por el fuego y nada de ella ha de preservarse. Si él aún viviera, sería el primero en prender fuego a las sinagogas y las casas de los judíos (…) Que sus casas sean arrasadas y destruidas (…) deberían ser alojados bajo un techo o en un granero, como los gitanos. Esto les hará ver que ellos no son los amos en nuestro país, como se jactan, sino que están viviendo en el exilio y cautivos, como incesantemente se lamentan de nosotros ante Dios (…) Que sus libros de plegarias y escritos talmúdicos, por medio de los cuales se enseñan la idolatría, las mentiras, maldiciones y blasfemias, les sean quitados (…) Que … se les prohiba a los rabinos enseñar so pena de muerte (…) Que la protección en las carreteras sea abolida completamente para los judíos (…) Que se les prohiba la usura, y que se les quite todo el dinero y todo el oro y la plata”). Menudo angelito. Küng afirma que todos los cristianos comparten una gran culpa histórica por el  pueblo judío.

Antiguo colega de Ratzinger (con quien participó en el Concilio Vaticano II), Küng se ha vuelto un poderoso crítico del actual papa (Ratzinger, desde la revuelta estudiantil del 68, hizo un giro tremendo hacia el conservadurismo). Según Küng, el sistema jerárquico de la Iglesia funciona muy mal. El papa no tiene a nadie que lo guíe. Toma todas las decisiones él solito. Y esa no es una manera correcta de gobernar ni de actuar en el siglo XXI. El papa es como Louis XIV. Musulmanes y judíos no se fían hoy de Ratzinger (poco después de haber sido nombrado papa, en el 2005, Ratzinger definió el Islam como una religión violenta, metedura de pata que fue muy criticada por Küng, al igual que las ignorantes declaraciones de Ratzinger sobre el SIDA en África en el 2009: “[El SIDA] es una tragedia que no puede superarse con la distribución de preservativos, los cuales incluso agravan los problemas”). Küng dice que la Iglesia va hacia atrás, hacia la Edad Media.

En este panorama religioso de no tolerancia, ceguera, censura, guerras y prohibición, siempre es bienvenido un personaje tan erudito, abierto y pacífico como Hans Küng. Tal vez, si todos los que creyeran pensaran como él, la religión no estorbaría tanto.

Antonia Tejeda Barros, Madrid, 18 de octubre de 2012

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Móvil, iPhone, iPod: las enfermedades del siglo XXI

Siempre pienso en Freud cuando veo, día a día, a jóvenes, adultos, madres, padres, abuelos y profesionales con la neurosis del móvil, iPhone & iPod (m-i-i). El sistema capitalista es tan inteligente (superficial y cruel), que realmente hace creer al mundo que sin m-i-i uno está perdido.

Veo a madres y padres en el parque, empujando cochecitos y enviando mensajes al mismo tiempo. Apenas pueden observar a sus hijos, pues hay tantas cosas que descubrir en internet, tanta gente a la que llamar… Veo a jóvenes en el autobús conversando y chequeando su e-mail al mismo tiempo. A socorristas en piscinas municipales embobados con su pequeña pantallita, la cual les impide vigilar a los niños de 4 años que no saben nadar.

Lo más curioso son los mensajes que se escuchan intermitentemente en los trenes españoles (cercanías y AVE): “estamos casi llegando”; “pon las patatas al fuego”; “ves calentando el pollo”. Desde luego, los m-i-i son imprescindibles… ¡Qué haría el ser humano sin ellos! Tendría tiempo para leer, observar el cielo, pensar, disfrutar del silencio, conversar tranquilamente, disfrutar con los hijos.

Lo que más me preocupa es: ¿podrán nuestros hijos sobrevivir sin los m-i-i?  Tendrán, inevitablemente, que ir a contracorriente. En casa, no vemos la TV hace 10 años, y somos felices. Los anuncios, las marcas, los programas basura son como extraterrestres para nosotros. En todas las casas en las que hemos vivido (Barcelona, Sevilla, Madrid) lo primero que hemos hecho es desconectar el cable de la TV. A nosotros nos gusta el cine (y los DVDs). Nos gusta decidir lo que vemos. Tampoco tenemos móviles. Mis amigos a menudo me dicen, antes de una cita “¿Cómo nos encontraremos, si no tienes móvil?”. “Como se encontraba la gente hace 10 años”, contesto yo,  “quedamos a las 18.00 h en el parque, nos vemos a las 18.00 h en el parque”.

En mayo fuimos a Israel. Fuimos unos días al Mar Muerto y volvimos a Jerusalén en autobús. El camino tenía muchas curvas, era de noche y la carretera estaba mal iluminada, y el conductor, por alguna extraña razón, tenía muchísima prisa en llegar a Jerusalén. Con una mano conducía y con la otra sostenía su móvil, hablando distraídamente, al mismo tiempo que mi hijo Itay casi vomitaba y yo me concentraba en no pensar en un accidente inevitable, producido gracias a las tecnologías del siglo XXI.

La neurosis del m-i-i es un fenómeno impresionantemente autodestructor. Va destruyendo la humanidad lentamente, atrofia el diálogo y crea estrés y ansiedad. Los m-i-i pretenden comunicar al ser humano con el mundo, y lo sumen en un aislamiento terrible. La gente necesita hoy mil estímulos para poder disfrutar. Muchos niños, hijos de padres con el síndrome de la neurosis del m-i-i, son niños que se aburren constantemente, lo tienen todo y no saben disfrutar de nada. Conozco a niños de 5 años que saben enviar mensajes y navegar por internet, con el iPhone de sus padres. Su concentración les dura un minuto y no saben apreciar las cosas más simples y bellas. Son el fruto de nuestro maravilloso sistema consumista, superficial y capitalista.

Escucho ahora una Sonata para violín y basso de Vivaldi, observo a mi hijo Itay jugar con un globo, a mi hija Yael disfrazarse, y me considero muy afortunada de no haber sucumbido a la neurosis del m-i-i.

Antonia Tejeda Barros, Madrid, 29 de septiembre de 2012

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To Woody with Love

Hay pocos genios que estén aún vivos que me sorprendan, me acompañen, me influyan, me fascinen, me deslumbren, me hagan reír, pensar y llorar tanto como Woody Allen. Hace poco vi con Eyal Woody Allen. A Documentary (2012), de Robert Weide, un documental interesantísimo sobre la trayectoria artística de Woody Allen. Hará más de 15 años que devoro sus películas, las he visto todas, las veo y las vuelvo a ver, y siempre descubro nuevos ángulos, nuevas ironías, nuevas filosofías. De algunas podría decir que me sé el diálogo de memoria. ¿Qué es lo más genial de sus películas? En mi opinión, el guión y los actores: ambos frescos, reales, ingeniosos, sorprendentes, divertidos, profundos y geniales.

Woody Allen es principalmente conocido por sus comedias, pero sus dramas, donde se respira la influencia de Bergman, son excelentes: Interiors, September, Another woman -en mi opinión, sus mejores dramas-, Cassandra’s dream, con música de Philip Glass, y Match Point son verdaderamente obras maestras.

Entre mis películas favoritas se encuentran Hannah & her sisters (probablemente, la habré visto unas 50 veces), todos sus dramas, Take the money and Run, Bananas, Everything You Always Wanted to Know About Sex * But Were Afraid to Ask, Love & Death (con música de Prokofiev), Annie Hall, Manhattan,  A Midsummer Night’s Sex Comedy (con música de Mendelssohn), Zelig, Broadway Danny Rose, Radio Days, New York Stories (Oedipus Wrecks), Crimes & Misdemeanors, Alice, Shadows & Fogs (con música de Kurt Weill), Husbands & Wives, Bullets over Broadway, Don’t drink the water (con el exquisito Michael Fox), Mighty Aphrodite, Deconstructing Harry, Celebrity, Sweet and Lowdown (con el carismático Sean Penn), Small time crooks, The Curse of the Jade Scorpion, Hollywood ending, Anything Else, Whatever Works, You will meet a dark tall stranger y Midnight Paris.

Para todo aquél que conozca bien la idiosincrasia del pueblo judío ashkenazi y haya estado en Nueva York, la mayoría de las comedias de Woody Allen son un saco explosivo de ironías semiescondidas y de mordaz autocrítica. Me pregunto si el público español (especialmente el que ve -nunca he conseguido entender por qué- sus películas dobladas, qué horror -¡qué postizo resultaría oír a Chus Lampreave doblada al inglés!-) se percata de todas las sutilezas irónicas que Woody Allen lanza sobre los ashkenazim neoyorkinos.

Cuando Woody Allen está en el proceso de edición y montaje de una película, empieza a mecanografiar el guión de su próxima película. Según él, es mejor andar ocupado en preocupaciones absurdas como tener que acabar una película que en preocupaciones terribles y gigantescas, como la muerte. Woody Allen nunca lee las críticas y no le importa en absoluto lo que la gente piense de él ni de su obra. Él es un artista con mayúsculas: crea por necesidad. Cuando acaba una película, por lo general Woody Allen se siente decepcionado con el producto final. Confiesa ver sus películas una vez y nunca más. Woody Allen ha escrito 70 películas y ha dirigido 48. A menudo se compara esta creatividad eferverscente con la del genial y colosal Bergman, que escribió 69 películas y dirigió 64.

Aparte de director, Woody Allen es un actor excelente, escritor incansable, un cómico que ha hecho historia y un clarinetista notable. Yo lo vi tocar con su New Orleans Jazz Band en Barcelona, hace ya varios años, y me encantó. Él practica cada día y, desde 1996, actúa todos los lunes en el Carlyle Hotel, en Manhattan.

Agnóstico en algunas de sus películas: “I should stop ruining my life searching for answers I’m never gonna get, and just enjoy it while it lasts. And after who knows, I mean maybe there is something, nobody really knows.” (Hannah and her sisters), ateo en muchas de ellas: And you got this shrink who, like God, never speaks, and like God, is dead.” (Anything Else), la filosofía de Woody Allen es rica, profunda e irónica. Su prosa (Getting Even, 1971; Without Feathers, 1975; Side Effects, 1980; Mere Anarchy, 2007) es ingeniosa, entretenida, cómica, profunda, surrealista, divertida y brillante. En Getting Even escribe: “Can we actually “know” the universe? My God, it’s hard enough to find your way around in Chinatown”. En Mere Anarchy escribe: “I am greatly relieved that the universe is finally explainable. I was beginning to think it was me.”

Siempre he dicho que si pudiera llevarme a una isla desierta la obra de un solo escritor, un solo compositor, un solo filósofo y un solo director, escogería la obra de Dostoyevski, Purcell, Nietzsche y Woody Allen.

Woody Allen nació en diciembre de 1935. Tiene casi 77 años y sigue creando sin parar. Su madre, Nettie, murió a los 96 años, y su padre, Martin, a los 100 años. Espero que Woody Allen nos siga deleitando con nuevas y exquisitas películas en los próximos 20 años.

Cada año espero con ilusión e impaciencia su nueva película. Siempre evito leer las críticas o ver el trailer antes de ir al cine, puesto que no quiero que nada exterior a la película estropee mi primera impresión. Hasta ahora, Woody Allen nunca me ha defraudado. En mi opinión, todas sus películas son brillantes y encierran genialidad, originalidad, profundidad, ironía y filosofía. Hace 3 días que se ha estrenado en España su nueva película: To Rome with Love. Acabo este Post y me voy corriendo al Cine Renoir Retiro, a disfrutar de su nueva obra.

Antonia Tejeda Barros, Madrid, 24 de septiembre de 2012

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El universo de Joyce

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Al pasear por las calles de Dublín no puedo evitar pensar en James Joyce: genio (amado y odiado), maestro del lenguaje y poeta. Joyce vivió casi toda su vida fuera de Irlanda, pero su universo gira alrededor de Dublín: “For myself, I always write about Dublin, because if I can get to the heart of Dublin I can get to the heart of all the cities of the world. In the particular is contained the universal”, escribió Joyce.

The James Joyce Centre está situado en la North Great George’s street (en el número 35) y se dedica a promover la vida y obra de Joyce. También organiza en junio el Bloomsday, una celebración que toma el nombre de Leopold & Molly Bloom, protagonistas del monumental Ulysses, cuya acción transcurre en un sólo día (el 16 de junio de 1904).

Sólo en Dublín Joyce vivió en 14 casas diferentes. Viajó mucho y vivió en Trieste, París, Roma, Nueva York y Zürich. En 1912 visitó por última vez Irlanda.

En 1907 Joyce publicó Chamber Music, una colección de 36 poemas. En 1914 publicó Dubliners, 15 historias cortas ambientadas en Dublín. En 1916 publicó la novela A portrait of the Artist as a Young Man, y en 1918 publicó su única obra de teatro: Exiles.

En 1922 la arriesgada Sylvia Beach publicó en París Ulysses. Sylvia Beach (cuyo verdadero nombre era Nancy Woodbridge Beach) fue la dueña de la famosa librería Shakespeare & Company, que no es la Shakespeare & Company que muchos hemos visitado en París y que sale en Before Sunset y Midnight in Paris. La original Shakespeare & Company se inauguró en 1919 y cerró en 1940, durante la maldita ocupación nazi. George Whitman abrió en 1951 una librería llamada Le Mistral y luego la llamó Shakespeare & Company en honor a la antigua Shakespeare & Company de Sylvia Beach. Hoy su hija es la dueña de la librería. ¿El nombre de su hija? Nada menos que Sylvia Beach Whitman.

Antes de la publicación de Ulysses por Sylvia Beach, Ulysses había sido publicado por partes de 1918 a 1920 en la revista literaria norteamericana The Little Review y sus editores habían sido llevados a juicio bajo la acusación de publicar “material obsceno”. Ulysses fue censurado en EEUU hasta 1934, y en Inglaterra, hasta 1936. Acerca de Ulysses, Joyce dijo: “I’ve put in so many enigmas and puzzles that it will keep the professors busy for centuries arguing over what I meant, and that’s the only way of insuring one’s immortality”. El monólogo interior final de 40 páginas sin comas ni puntos de Molly Bloom es espectacular. Hemingway dijo acerca de Ulysses: “Joyce has a most goddamn wonderful book”.

En 1927 Sylvia Beach publicó Pomes Penyeach, una colección de 16 poemas, y en 1936, fue publicado Collected Poems. En 1939, dos años antes de la muerte de Joyce, fue publicado Finnegans Wake. Nabokov dijo que la última obra de Joyce era “a perverse leaning toward the disgusting [and] one of the greatest failures in literature”. Hace poco se descubrió el manuscrito inédito de un cuento para niños escrito por Joyce en 1936 para su nieto Stephen (nacido en 1932, único descendiente con vida de Joyce). El cuento ha sido publicado por primera vez en enero de 2012, y se le ha dado el título de The Cats of Copenhagen.

El gran amor de Joyce fue Nora Barnacle. Se conocieron en 1904 y se casaron 27 años más tarde, en 1931. Estuvieron juntos 37 años, hasta la muerte de Joyce. Tuvieron dos hijos: Giorgio y Lucia. Giorgio fue cantante, marido de Helen Kastor y padre de Stephen. Lucia fue bailarina, estudió con Isadora Duncan, y fue amante de Samuel Beckett y Alexander Calder. En 1935 fue diagnosticada de esquizofrenia. Fue paciente de Carl Jung. Joyce escribió en 1913 el bonito poema “A Flower Given To My Daughter” (Pomes Penyeach):

Frail the white rose and frail are

Her hands that gave

Whose soul is sere and paler

Than time’s wan wave.

Rosefrail and fair –yet frailest

A wonder wild

In gentle eyes thou veilest,

My blueveined child.

En 1935 The New Yorker entrevistó a Giorgio. Giorgio cuenta que su padre tiene graves problemas de vista (fue operado 9 veces), lee a Ibsen para relajarse, le encanta hablar por teléfono y detesta los perros (al igual que Woody Allen, por cierto).

En una carta escrita a Nora, Joyce describe su repulsión hacia la religión católica y confiesa hacerle la guerra con su arte: “My mind rejects the whole present social order and Christianity (…) Six years ago I left the Catholic church, hating it most fervently (…) I made secret war upon it when I was a student and declined to accept the positions it offered me. By doing this I made myself a beggar but I retained my pride. Now I make open war upon it by what I write and say and do”.

Joyce murió en Zürich 20 días antes de cumplir los 59 años, en 1941, en plena Segunda Guerra Mundial. Está enterrado en Zürich. Es considerado hoy uno de los escritores más importantes, revolucionarios e influyentes del siglo XX. Nunca se le concedió el Nobel de Literatura.

HALLOWEEN-2015-TODOS.JPG Antonia Tejeda Barros, Dublín, 6 de septiembre de 2012

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Fotos de Antonia Tejeda Barros, Dublín, 2012

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Los fascistas huelen a huevo podrido

Publicado en Humano, creativamente humano el 7 de enero de 2016

Parece increíble que hoy en día haya aún gente que defienda el fascismo, un movimiento de masas violento y demagógico en nombre del cual se cometieron las más horribles atrocidades. El fascismo surgió en la Europa de entreguerras en Italia, llegó a su máxima crudeza con el monstruoso nazismo, floreció en varios movimientos fascistas en Europa hasta la 2ª Guerra Mundial y avanzó en la Guerra Civil española para luego podrirse en los 40 años de dictadura franquista en España.

¿Qué (coño) es el fascismo?

Hay historiadores que consideran que fascismo hay sólo uno: el italiano. La mayoría, sin embargo, considera que fascismos hay dos: el fascismo italiano (de 1922 a 1943) y el nazismo alemán (de 1933 a 1945). El franquismo, por ejemplo, sería un parafascismo o dictadura fascistizada, no un fascismo. Lo mismo vale para el pinochetismo. Por lo general, hay una confusión histórica entre régimen fascista y movimiento fascista. Benedetto Croce definió el fascismo como una enfermedad moral.

En los régimenes fascistas, al igual que en los comunistas, los individuos se hallaban manipulados por las élites. El fascismo fue definido en los años 60–90 como un anti-. Un anti-liberalismo y un anti-marxismo. Se le consideró vacío de ideología. Sin embargo, hoy se considera que lo fundamental en el fascismo es el sujeto fascista, aun cuando en el fascismo el cuerpo teórico sea menos consistente que en otros ismos. Para definir el fascismo hay que analizar el sujeto fascista, su ideología.

Roger Griffin, en The Nature of Fascism, nombra 3 puntos esenciales que definen el fascismo: 1) el fascismo es una ideología política; 2) el fascismo es un ultranacionalismo populista; 3) el fascismo usa el mito palingenésico (hay que morir para resurgir): el fascismo se presenta como un renacer (primero hay que destruir, y sobre las cenizas surgirá una nueva nación: la nación fascista). Yo añadiría: 4) el fascismo es una ideología que exalta y defiende el terror, la violencia y la guerra (tanto el fascismo italiano como el nazismo son militaristas, agresivos y bélicos); 5) el fascismo se apoya siempre en la figura de un líder, un semidiós, totalitario y monstruoso.

El fascismo se propone aniquilar los derechos del hombre para crear una nueva civilización basada en la militarización de la política, la sacralización del Estado y la primacía absoluta de la nación. El fascismo es una propuesta extrema a un signo de decadencia. Se apoya en la violencia y la guerra y tiene una grave propensión al exterminio. Es anti-liberal, anti-democrático y anti-parlamentario. Mussolini dijo en 1932 que el fascismo era la doctrina de la acción. El fascismo usó una retórica oportunistamente revolucionaria, combinando el patriotismo, el anti-comunismo y el populismo sindicalista y anti-capitalista. En el fascismo la nación está por encima de todo. El absurdo concepto de la patria justifica cualquier atrocidad.

El fascismo fue al principio un movimiento minoritario. Luego fue un movimiento de masas, que envolvió a la masa, la atontó y acabó asesinándola. Se presentó como una “tercera vía”, opuesto a la democracia liberal y a los movimientos obreros (comunismo y anarquismo). Mussolini dijo que el siglo XX sería el siglo del fascismo. Por increíble que parezca, hubo partidos fascistas en 45 países.

En España, la Guerra Civil hizo fuerte al fascismo. En la dictadura, el apestoso Franco manejó a 4 títeres: el ejército, la Iglesia, los tradicionalistas y Falange. En España, el sujeto fascista estuvo subordinado a la figura de Franco. Sin embargo, los falangistas estuvieron en escena hasta 1975, cultivando el terror, eliminando a pensadores, intelectuales y catedráticos, y defendiendo la mediocridad, el catolicismo, la represión y la violencia.

Un poco de historia 

La Gran Guerra puso en cuestión la idea del progreso y de los valores ilustrados. El tratado de Versalles (1919) representó un cierre en falso (los tratados fueron tan mal redactados que parecían haber estado hechos para producir otra guerra lo antes posible). Antes de la crisis del 29 las democracias empezaron a tambalearse. La guerra ruso-japonesa (1904-1905) es considerada la primera gran guerra del siglo XX. Produjo “sólo” unos 150.000 muertos; la 1ª Guerra Mundial produjo unos 11 millones de muertos; y la 2ª Guerra Mundial produjo unos 70 millones de muertos –contando, aunque es un caso aparte, un punto de inflexión en la historia: las 6 millones de víctimas de la Shoah, שואה (hombres, mujeres y niños.

El terror fue la base de los regímenes fascistas y comunistas. Millones de europeos se identificaron con la utopía fascista y la utopía comunista. Para un joven de entre-guerras, lo moderno era ser o fascista o comunista.

No hay una relación causa-efecto entre la crisis económica y el fascismo. La crisis ayudó a que emergiera el fascismo, pero hubo otros países que sufrieron la crisis y no sucumbieron al fascismo, como Francia, Inglaterra y EEUU. Las democracias que aguantaron tenían regímenes parlamentarios muy fuertes.

Los Pactos de Letrán (1929) entre el Reino de Italia (con Mussolini como primer ministro) y la “Santa” Sede (con Pío XI como papa) sellaron el apoyo del Vaticano a la Italia fascista (Pío XI fue un gran admirador de Mussolini). Luego, en 1933, el Vaticano pactó con Hitler. Mientras millones de hombres, mujeres y niños eran masacrados y gaseados por los alemanes, los dos papas “Píos” no dijeron ni “pío” en favor de las víctimas, contribuyendo, así, a la barbarie. ¿Cuántos millones de inocentes podrían haberse salvado si los Píos se hubieran pronunciado en contra de la barbarie? Por otro lado, los alemanes protestantes apenas “protestaron” por las atrocidades que se cometían día a día, y los austríacos católicos se contentaban al ver el Reich Judenrein, mientras ambos, alemanes y austríacos, humillaban, torturaban, disparaban y gaseaban felices a millones de hombres, mujeres, niños y bebés judíos.

Símbolos (horrendos) del fascismo

El fascismo usó mucho los mitos y los símbolos. Los símbolos son un medio muy eficaz para atontar a la masa. Walter Benjamin, en Das Kunstwerk im Zeitalter seiner technischen Reproduzierbarkeit, cita a Marinetti exaltando la guerra: “En el Manifiesto de Marinetti sobre la guerra de Etiopía puede leerse: ‘Desde hace 27 años, nosotros, los futuristas, venimos alzándonos contra la afirmación de que la guerra no es estética (…) Sostenemos que la guerra es bella porque, con las máscaras de gas, los aterradores megáfonos, los lanzallamas o las tanquetas instaura la soberanía del hombre sobre la máquina sometida. La guerra es bella porque nos acerca al sueño del hombre metálico. La guerra es bella porque enriquece las floridas praderas con las orquídeas relumbrantes de las ametralladoras. La guerra es bella porque conjunta, en sinfonía, los disparos, los cañonazos, los silencios, los perfumes y los olores de la putrefacción’ (…) Fiat ars, pereat mundi, dice el fascismo, esperando de la guerra, como confiesa Marinetti, la satisfacción artística de una percepción sensorial modificada por la técnica. [La humanidad] está lo suficientemente alienada de sí misma como para vivir su propia destrucción como si de un gozo estético se tratara”[1]. En efecto, en el fascismo la masa porta feliz banderas e insignias, sonríe y canta himnos, mientras lleva a la humanidad a su propia destrucción.

En España, Falange usó como símbolos la tierra de Castilla, que simbolizaba lo nacional, y el Escorial, que simbolizaba la Edad de Oro española y el Imperio. Las palabras “Arriba España” convertían lo mediocre en primordial. En el himno de Falange, el Cara al sol, cada estrofa es simbólica. La muerte es un servicio a la patria. Los caídos están siempre presentes: se les rinde homenaje con antorchas. La sangre de los caídos se derrama para que España renazca. Cuanto más se quiere movilizar a la masa, más se recurre a los símbolos. Lo importante en el mito es la utilidad, no la verdad. Lévi-Strauss (que vivió 100 años) escribió que nada se asemeja más al pensamiento mítico que la ideología política. El mito palingenésico (renacer de las cenizas) es crucial en el fascismo. En los totalitarismos, el proletariado (comunismo), la nación (fascismo) y la raza (nazismo) representan el bien, el Mesías sufriente cristiano, que traerá la salvación y justificará las peores atrocidades. El fascismo necesita siempre crear enemigos. El enemigo une y crea identidad. Los símbolos ayudan a identificar lo que se defiende y lo que debe destruirse.

¿Sindicatos?

En la Italia fascista, el sindicalismo tuvo 3 fases: de 1919 a 1925: contrarrevolución (persecución del movimiento obrero, prohibición de la huelga, terror y violencia); de 1925 a 1927: institucionalización (Ley Rocco, 1926, y Carta di Lavoro, 1927, “espíritu social” del fascismo); de 1928 a 1943: burocratización y declive. Empresarios y terratenientes financiaron el proyecto fascista. El sindicalismo fue siempre controlado por el Estado. Los obreros seguían siendo explotados, y los burgueses seguían enriqueciéndose. Mussolini intentó compensar esta realidad dejando que la prensa fuera revolucionaria.

En Alemania, tras la supresión de los sindicatos en 1933, se creó el Frente Alemán del Trabajo (Deutsche Arbeitsfront, DAF), que reunía a trabajadores y empresarios. El DAF debía impedir la lucha de clases. La ley del 20 de enero de 1934 no cambió absolutamente nada: los empresarios siguieron siendo los  jefes de sus empresa, y a los trabajadores siguieron siendo los subordinados.

En España, Falange jugó un papel muy importante en la atracción y engaño de las masas. El sindicalismo de Falange estaba en contra del liberalismo y del comunismo. Las organizaciones sindicales CNT (anarcosindicalista) y UGT (socialista) fueron prohibidas y pasaron a la clandestinidad. El movimiento obrero debía ser destruido pero era imprescindible atraer a los trabajadores. Los sindicatos fueron creados no para que tuvieran poder, sino para convertirlos en instrumentos del poder. Los empresarios siempre salían beneficiados y los trabajadores, perjudicados. En 1938 se creó el Fuero del Trabajo (inspirado en la Carta di Lavoro). Su carácter fue principalmente propagandístico. El poder era centralizado y jerarquizado. La Organización Sindical Española jugó un papel marginal. En un esfuerzo propagandístico, el 18 de julio se creó la Fiesta del Trabajo, con demostraciones sindicales, desfiles militares y, cómo no, con misas con sus cruces, sus curas, sus Cristos y la virgen que los parió.

Las leyes sociales franquistas fueron mucho menos trascendentales y modernas que en el resto de Europa. El Seguro Obligatorio de Enfermedad se creó en España en 1942 y la ley de Bases de la Seguridad Social, en 1963 (en Alemania se había creado en 1886 y en Inglaterra, en 1911 –National Insurance Act 1911-). En 1944 Franco creó la paga extra de Navidad (en Francia se había creado la paga extra anual en 1936). En 1956 Franco creó la Ley de Accidentes de Trabajo (en Inglaterra se había creado en 1844). En 1961 Franco creó el Seguro de Desempleo (en Inglaterra se había creado en 1911). En 1962 Franco creó la Ayuda a la Ancianidad (en Inglaterra se había creado en 1908 –Old-Age Pensions Act 1908-). En la España franquista se construyeron menos edificios, hospitales y colegios que en Francia, Inglaterra, Holanda, Alemania e Italia, pero aquéllos que se construyeron fueron con sello, prensa, bombo y platillo. En la España franquista centenares de miles de personas vivían en barracas y cuevas, sin agua ni luz. Se aíslaron a las clases obreras a las afueras de las ciudades. Ésa fue la verdadera preocupación de Franco por los obreros y las clases pobres: manipularlos y tenerlos alejados y apartados.

Falange (esa basura)

Una cosa fue la dictadura franquista y otra cosa fue Falange. Falange Española, de ideología fascista y nacionalsindicalista, fue fundada por José Antonio Primo de Rivera en 1933. Primo de Rivera era ciegamente patriótico, defensor de la violencia (famoso por contestar con puñetazos) y fanático católico. Se ha dicho que a Primo de Rivera le faltaba densidad para ser un duce, y pensamiento para ser un intelectual. En 1934, Falange se fusionó con las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista (JONS), partido conocido por su violencia, fundado por Ramiro Ledesma, un intelectual de segunda fila, gran admirador de Hitler, y Onésimo Redondo, fascista, ferviente católico y antisemita. Los tres murieron en 1936: Primo de Rivera y Ledesma fueron fusilados por el gobierno republicano; Redondo murió en manos de los milicianos.

Los falangistas, con poca imaginación e iniciativa, de dedicaron a copiar en lo que pudieron a sus ídolos italianos. Cuando vieron las camisas negras de los italianos fascistas decidieron que ellos también debían llevar camisas distintivas, pero, como el negro ya lo usaban los italianos, se pusieron, medio enfadados, una camisa azul. Los que llevaron la camisa azul desde 1933 a 1936 se denominaron luego los camisas viejas. Yo tengo un amigo madrileño que tiene un abuelo camisa vieja. Triste pero cierto. La militancia en Falange era interclasista: obreros, jornaleros, campesinos y mucho señorito ricachón y católico.

En 1937, manipulada por Franco, FE de las JONS se unificó con los tradicionalistas (carlistas) y pasó a llamarse FET y de las JONS (Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista). El nombre, recargadísimo, recuerda a esos nombres cursis de protagonistas de teleseries latinoamericanas (José Luis Carlos Alberto; María Luisa Clara Inés). La FET y de las JONS fue el partido único de la dictadura franquista, con tintes fascistas, tradicionalistas y católicos, al servicio de Franco, los militares y la Iglesia.

En la posguerra, mucha gente se acercó a FET y de las JONS por miedo y por hambre. El pan estaba en el Frente de Juventudes, asociación que duró 33 años, de 1940 a 1977 (tuvo diferentes nombres pero fue la misma basura), la cual enseñaba a los niños política (fascista), “cultura” (fascista) y gimnasia, y a las niñas, las “Enseñanzas de Hogar” (y, a todos, por supuesto, la religión católica). El pan estaba también en la Sección Femenina: la rama femenina de Falange en 1934 y de FET y de las JONS hasta 1977, creada por Pilar Primo de Rivera, gran admiradora de los nazis y católica fanática. Hoy en día hay aún mujeres españolas que recuerdan cómo les obligaban a vestirse “mitad monja, mitad soldado” y cómo Pilar Primo de Rivera les recomendaba dedicarse a hacer ganchillo y obras de caridad porque, decía, “a la mujer le falta el talento creador de la mente masculina”. Las falangistas eran fascistas y católicas. Dirigieron el Servicio Social de la Mujer (equivalente al Servicio Militar Masculino, obligatorio para todas las mujeres de 17 a 35 años, exceptuando las viudas de guerra), el Auxilio Social (copiado de la Alemania nazi) y la educación de las jóvenes para devenir buenas patriotas, buenas cristianas y buenas esposas. Pobrecitas, las mujeres falangistas. Desde luego, allí nadie había leído a Feuerbach, Nietzsche, Stuart Mill o Russell. Menuda mediocridad.

En la posguerra todos los cargos políticos y profesionales fueron ocupados por abogados, notarios, militares, franquistas, monárquicos y católicos. Se decía que había que ir tapando los “huecos”. ¿Quiénes habían dejado esos “huecos”? Los ministros, alcaldes, profesores, catedráticos a los que se les había pegado un tiro o se les había echado. Para ocupar los cargos había que ser de FET y de las JONS. En los años 50, Falange se convirtió en un puro aparato burocrático, corrupto y desteñido de ideología. ¿Por qué Franco mantuvo a Falange? Franco necesitaba el calor popular y eso se lo daba Falange, gracias a su discurso demagógico. Además, los falangistas infundían miedo en los pueblos y ciudades y eran útiles para tener a la población asustada y calladita.

La gran diferencia con Italia y Alemania fue que, en España, los fascistas (falangistas) no tomaron el poder, sino que se incorporaron al Estado y fueron usados por el Estado.

Hoy en día, por increíble que parezca, Falange sigue siendo un partido político (minoritario y residual). En sus siglas ya no lleva la T de “Tradicionalista”. Ahora se llama Falange Española de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista (FE de las JONS). En el carnet de simpatizante se lee: “El futuro se llama España”. Pobres, aún no se han enterado de que a España le falta mucho para salir de su mediocridad, y de que hay muchos otros países que la superan en cultura, economía, justicia social y modernidad.

Terror

Los totalitarismos siempre han usado el terror y la violencia, y se han cagado en la libertad. Tanto los regímenes comunistas como los fascistas tienen las manos manchadas de sangre. En la URSS, bajo Stalin, los gulags produjeron 20 millones de víctimas. Las cifras de víctimas de la Shoah a manos de los bárbaros alemanes (6 millones de hombres, mujeres y niños judíos) son espeluznantes. En la Guerra Civil española, en el bando republicano se quemaron iglesias y se mataron a curas, monjas y gente inocente, se torturó y violó, ya fuera por represalia u odio. La violencia en el bando nacional fue aun más terrible: se torturó, violó y fusiló a gente inocente y se bombardearon pueblos y ciudades enteras. Se han encontrado en las fosas de víctimas republicanas esqueletos de adultos y niños ambos con agujeros de bala en el cráneo: los nacionales se deleitaban disparando a padres e hijos a la vez con una misma bala.

Yo me pregunto: ¿cómo es posible apoyar hoy en día el fascismo? ¿Sus seguidores son monstruos, ignorantes o cretinos? ¿Cómo es posible que el ser humano no aprenda de la Historia, de los campos de concentración y exterminio, los genocidios, las matanzas, las torturas y la barbarie? ¿Y por qué la Iglesia Católica se encuentra siempre al ladito de los movimientos y partidos fascistas, patrióticos, xenófobos y homofóbicos?

Los fascistas, por lo general, son especialistas en negar la historia, tergiversar los hechos y minimizar  las cifras. Cualquier concepto que vaya en contra de los Derechos Humanos (sea la patria, Dios, la Iglesia, el Estado o la raza) es pura basura y debe ser tratado como tal. No hay absolutamente nada que vaya más allá de la paz, la libertad y la dignidad.

El fascismo huele a podrido, a sangre, a caca, a niño acribillado y a gas. Dejémoslo en el lugar que se merece: en el cubo de la basura.

HALLOWEEN-2015-TODOS.JPG Antonia Tejeda Barros, Madrid, 22 de julio de 2012 & diciembre de 2015

ANTIFASCISM-POST

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Feuerbach: el hombre que empezó a matar a Dios

Podría decirse que casi todo el mundo conoce a Marx, Nietzsche y Freud. No todos han leído sus obras, pero la mayoría conoce aunque sea la barba de Marx, el bigote de Nietzsche y el puro de Freud. Pero, ¿quién conoce a Feuerbach? Feuerbach fue el padre de los maîtres du soupçon[1] y el pensador que empezó a matar a Dios y empezó a devolverle la dignidad al hombre. Nació en Alemania en 1804 (14 años antes que Marx, 40 años antes que Nietzsche y 52 años antes que Freud) y murió en 1872, 29 años después de que Marx escribiera su famosa frase: “Die Religion … ist das Opium des Volks[2], y 11 años antes de que Nietzsche publicara el primer libro de Also sprach Zarathustra. Feuerbach fue uno de los representantes de los llamados hegelianos de izquierda. Fue materialista y ateo. Abandonó los estudios de teología para estudiar filosofía. Escribió: “¡No teología, sino filosofía … no creer sino pensar!”[3]. Cuando tenía 21 años, escribió a su padre: “El alimento de la niñez se hace indigerible al hombre maduro”[4]. La preocupación que Feuerbach sintió por el hombre hizo que el hombre, con todos sus defectos y su mortalidad, desbancara a Dios: “Dios fue mi primer pensamiento; la razón, el segundo, y el hombre, mi tercero y último pensamiento”[5]. Feuerbach situará la antropología por encima de la teología, y al hombre por encima de Dios. Su mensaje es una elevación del hombre: “El propósito de mis escritos y … de mis lecciones es convertir a los hombres de teólogos en antropólogos, de teófilos en filántropos (…) Mi propósito no es en modo alguno meramente negativo, sino positivo; yo niego únicamente para afirmar; yo niego únicamente la esencia aparente y fantástica de la teología y de la religión, para afirmar la esencia real del hombre”[6].

Feuerbach escribió obras profundas y elegantes. Entre mis preferidas se encuentran: Gedanken über Tod und Unsterblichkeit (1830), Das Wesen des Christenthums (1841) y Erläuterungen und Ergänzungen zum Wesen des Christenthums (1846), compilación de varias obras que incluye, entre otros, los famosos ensayos Das Wesen des Glaubens im Sinne Luthers. Ein Beitrag zum “Wesen des Christentums”, Merkwürdige ÄuBerungen Luthers nebst Glossen y Das Wesen der Religion.

En Gedanken über Tod und Unsterblichkeit, Feuerbach afirma que tanto la inmortalidad del ser humano como Dios son creaciones humanas. Dios es, pues, un producto del ser humano (que se vuelve ajeno al ser humano y lo domina). Feuerbach describe la muerte como una negación que se niega a sí misma, y la inmortalidad, como una afirmación irreal e indeterminada: “Sobre las ruinas del mundo destruido, planta el individuo la bandera del profeta, la sagrada estafa de la creencia en su inmortalidad y en el loado más allá. Sobre las ruinas de la vida presente, al no ver nada, se le despierta el sentimiento de su propia nada interior, y en el sentimiento de esa doble nada le fluyen … las compasivas perlas de lágrimas y las pompas de jabón del mundo futuro”[7]. La inmortalidad, pues, es una farsa. El ser humano muere, y muere completamente. Según Feuerbach, cuando las personas sean capaces de aceptar su finitud, empezarán a vivir su vida de una manera plena y consciente, sin fantasías ni engaños. A la falacia cristiana de la muerte del cuerpo y la inmortalidad del alma, Feuerbach responde: “No existe ninguna media muerte, ninguna muerte partida ni de sentido equívoco; en la naturaleza es todo verdad, entero, impartido, completo; en la naturaleza no hay sentidos dudosos … sólo hay una clase de muerte, que es la muerte completa; la muerte no roe una parte del hombre y deja otra parte”[8]. La negación de la inmortalidad del alma supone una afirmación de la única vida que existe: la de aquí y ahora: “la supresión de una vida mejor en el cielo incluye en sí la exigencia de mejorar la vida en la tierra”[9]. ¿Existe, pues, el espíritu? Sí, el espíritu existe, pero sólo en la vida. Según Feuerbach, el hombre muere porque es “un ser libre, pensante y consciente”[10]. La vida, pues, y no la muerte, es la que nos muestra el espíritu del ser humano. Feuerbach ridiculiza a quiene creen alcanzar el espíritu solamente a través de la muerte: “Los necios presumen ilusamente que sólo después de la muerte y por ella llegarán al espíritu; que la vida espiritual sólo puede producirse tras la muerte”[11].

De un modo parecido al genial Epicuro, Feuerbach sostiene que la muerte y el ser humano nunca se encuentran. La filosofía de Epicuro (lo poco que sabemos de ella, puesto que de las 300 obras que Epicuro escribió, desgraciadamente solamente se ha conservado una parte minúscula[12]) está destinada a ahuyentar los terribles miedos del hombre (la muerte y los dioses), y a procurar una vida placentera y equilibrada. Según Epicuro, no hay que temerle a la muerte, puesto que la muerte no es nada para nosotros, ya que cuando existimos, la muerte no existe, y cuando morimos, ya no somos nada y no sentir ni vivir la muerte: “la muerte nada es para nosotros. Porque todo bien y mal reside en la sensación, y la muerte es privación del sentir (…) Nada hay, pues, temible en el vivir para quien ha comprendido rectamente que nada temible hay en el no vivir (…) Así que el más espantoso de los males, la muerte, nada es para nosotros, puesto que mientras nosotros somos, la muerte no está presente, y, cuando la muerte se presenta, entonces no existimos. Conque ni afecta a los vivos ni a los muertos, porque para éstos no existe y los otros no existen ya”[13]. Feuerbach recoge esta idea, y afirma que la muerte existe solamente para los vivos, pero no para los muertos: “Sólo antes de la muerte, pero no en la muerte, es la muerte muerte y dolorosa … la muerte es un ser espectral … sólo es cuando no es, y … sólo no es cuando es”[14]. La muerte, la finitud, no puede ser sentida por el hombre, puesto que cuando el hombre muere pierde toda su sensación. El ser humano tiene seguridad de su existencia solamente en su sensación, y solo es real aquello que el ser humano puede sentir. La muerte, pues, nada es para el ser humano, puesto que este solo existe y es mientras siente: “El fin del individuo, puesto que no es para él mismo, tampoco tiene ninguna realidad para él, pues para el individuo sólo tiene realidad lo que es objeto de su sensación (…) la muerte es sólo muerte para los que viven, no para los que mueren; para éstos sólo existe la muerte, y sólo es ésta terrible, precisamente cuando todavía no es muerte”[15]. ¿Existe, pues, la muerte? No, la muerte no existe para el ser humano. La muerte es solo apariencia, “no es ninguna aniquilación positiva, sino una aniquilación que se aniquila a sí misma, una aniquilación que es ella misma ilusoria, que no es nada”[16]. Si la muerte es solo una negación que se niega a sí misma, también la inmortalidad es, como oposición de una nada, una afirmación irreal e indeterminada del individuo, de la vida y de la existencia: “Al igual que la muerte es sólo una negación que es pura apariencia … la inmortalidad es también una afirmación que es pura apariencia”.

Feuerbach denuncia el empobrecimiento que el ser humano sufre al elevar a Dios a lo más alto. Si Dios se eleva, el hombre se empequeñece: “Cuanto menos es Dios tanto más es el hombre; cuanto menos es el hombre tanto más es Dios”[17].

En Das Wesen der Religion, Feuerbach sitúa la fe en las antípodas de la realidad. Creer es imaginarse que existe lo que en realidad no existe: “la inmortalidad del hombre o el hombre como ente inmortal son un objeto de la religión … de la fe porque la realidad nos demuestra exactamente lo contrario: que el hombre es mortal”[18]. Dios es, pues, el fruto del deseo humano, el fruto de la imaginación humana: “Dios mismo no es otra cosa que la esencia de la fantasía o de la imaginación del hombre, la esencia del corazón humano”[19]. El ser humano crea sus dioses de acuerdo con sus deseos. Freud recogerá este concepto en su análisis de la religión como neurosis colectiva (Die Zukunft einer Illusion, 1927, y Das Unbehagen in der Kultur, 1930). Dios es, pues, para Feuerbach, un reflejo de los deseos del ser humano: “Como los deseos de los hombres, así son sus dioses”[20]. Feuerbach acaba Das Wesen der Religion con las siguientes palabras: “Quien ya no tenga más deseos sobrenaturales tampoco tendrá una esencia sobrenatural”[21]. Según Feuerbach, si consiguiéramos realizar nuestros deseos, no tendríamos ninguna necesidad de creer en Dios: seríamos dueños de lo que anhelamos y nos convertiríamos en Dios: “Si el hombre fuera capaz de lo que quiere, nuna más creería en Dios, por la sencilla razón de que sería él mismo Dios y la realidad no es objeto de la fe”[22]. Como muy bien apunta Cabada, la crítica esencial de Feuerbach “consistirá en ver la religión como un producto que emerge espontáneamente de la mente y del corazón del hombre”[23].

Según Feuerbach, la religión y Dios deben dar paso al amor. El amor es más elevado que Dios: “El amor supera a Dios (…) si no sacrificamos Dios al amor, sacrificamos el amor a Dios, y entonces tenemos … a la esencia malvada del fanatismo religioso”[24]. La ética es (o debería ser) más elevada que la religión: “la ética es la verdadera religión”[25].

En Das Wesen des Glaubens im Sinne Luthers. Ein Beitrag zum “Wesen des Christentums”, Feuerbach denuncia la denigración que sufre el ser humano en el cristianismo, concretamente en el protestantismo. Lo que se le atribuye a Dios, se le niega al ser humano. Lo que al individuo le falta, lo posee Dios. Feuerbach se propone alzar al ser humano y escribe explosivamente: “La nulidad del hombre es el presupuesto de la esencialidad de Dios; afirmar a Dios significa negar al hombre, honrar a Dios despreciar al hombre, alabar a Dios, denostar al hombre. La majestad de Dios se funda únicamente en la bajeza del hombre; la bienaventuranza divina, en la miseria humana; la sabiduría divina, solamente en la humana necedad; el poder divino, en la humana debilidad”[26].

En Merkwürdige ÄuBerungen Luthers nebst Glossen, Feuerbach hace una crítica magistral al horror luterano. El ensayo acaba con las punzantes palabras: “¡Qué doctrina más atroz, que para curar un dolor agudo, lo transforma en crónico; que, para procurarnos en los últimos momentos de la vida un consuelo contra la muerte, nos mantiene durante toda la vida en el terror y el espanto ante la muerte!”[27]. ¿Lo peor de Lutero? Sin duda, su monstruoso e imperdonable antisemitismo.

Feuerbach fue activo y comprometido, no un filósofo que se dedicó solo a pensar, como insinuó Marx en sus Tesis sobre Feuerbach[28]. Feuerbach dictó lecciones, fue miembro del partido Socialdemócrata de Alemania (SPD) y periodista. En sus Tesis sobre Feuerbach, Marx afirma que tanto el ser humano como la religión son productos sociales, punto crucial, según él, que Feuerbach parece ignorar: “Feuerbach no ve … que el ‘sentimiento religioso’ es también un producto social y que el individuo abstracto que él analiza pertenece, en realidad, a una determinada forma de sociedad”[29]. La tesis XI, donde Marx critica la falta de acción de los filósofos es, sin duda, la más famosa de todas: “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo[30].

Feuerbach habla de Dios y la religón bajo la perspectiva del antropólogo. Aunque deje entrever que la muerte de Dios es requisito fundamental para que el ser humano recupere su dignidad (“sólo una vez que los hombres cuenten con sitio y espacio para sí mismos podrán manifestarse y hacerse valer como tales hombres”[31]), su mensaje no es ni violento ni insultante ni provocador. Como muy bien ha apuntado Arroyo, el ateísmo de Feuerbach “no es una simple negación de Dios, sino la pretensión de ser una defensa apasionada del hombre”[32]. La obra de Feuerbach, elegante y erudita, abrirá las puertas a ateísmos más fuertes y radicales: el de Marx (un ateísmo despreciativo), el de Nietzsche (un ateísmo explosivo y demoledor) y el de Freud (un ateísmo elegante y magnífico), para dar paso a los ateísmos de Russell, Sartre, Camus y Onfray, los cuales enterrarán finalmente a Dios y le devolverán la dignidad al ser humano.

Siguiendo a Feuerbach, yo me pregunto: ¿hasta cuándo se desvalorizará la vida (esta vida, la que vivimos, la vida de cada cual, como repetía Ortega) con promesas de una falsa inmortalidad? Cuando las religiones puedan reducirse a tradición y a legado cultural, la humanidad habrá hecho un paso gigantesco. Lo primordial es la ética, la paz, la empatía, el valor de la vida, la dignidad y la libertad de pensamiento. Lo primordial, como dijo Feuerbach, es que el ser humano sea libre y sano de pensamiento: “Demos al hombre lo que es del hombre; no se trata de si somos cristianos o paganos, teístas o ateos, sino de que seamos o nos hagamos hombres sanos de cuerpo y alma, libres, activos y vigorosos”[33].

Antonia Tejeda Barros, Madrid, 7 de julio de 2012 & 25 de octubre 2014

BIBLIOGRAFÍA

Cabada, “La autorrealización o liberación humana como crítica de la religión en Feuerbach” en Filosofía de la religión. Estudios y textos, Fraijó, Manuel, ed., Madrid, Editorial Trotta, 2010 (1994), pp. 291 – 316.

Feuerbach, Ludwig, Sämtliche Werke, ed. de W. Bolin & F. Jodl, Stuttgart Cannstatt, 1959 (Traducción al español de Manuel Cabada).

Feuerbach, Ludwig, “La esencia de la Fe según Lutero. Una contribución a La esencia del cristianismo” & “Afirmaciones notables de Lutero con glosas”, en Escritos en torno a La esencia del cristianismo (Trad. Luis Miguel Arroyo), Madrid, Editorial Tecnos, 2007 (1993).

Feuerbach, Ludwig, La esencia de la religión (Trad. Tomás Cuadrado), Madrid, Editorial Páginas de Espuma, 2008 (2005).

Laercio, Diógenes, Vidas de los filósofos ilustres (Trad. Carlos García Gual), Madrid, Alianza Editorial, 2008.

Marx, Karl, Tesis sobre Feuerbach, en Marx & Engels, Obras escogidas II (Edición del PCUS, 1955), Madrid, Akal, 1975.

Savater, Fernando, Los diez mandamientos del siglo XXI, Debolsillo, Madrid, 2004.

NOTAS

[1] En De l’interprétation. Essai sur Sigmund Freud, 1965, Ricœur llama a Marx, Nietzsche y Freud “les maîtres du soupçon

[2] (“La religión … es el opio del pueblo”). La cita es parte de Zur Kritik der Hegelschen Rechtsphilosophie y se publicó en 1844 en el Deutsch-Französische Jahrbücher. El párrafo donde se halla la cita dice: Das religiöse Elend ist in einem der Ausdruck des wirklichen Elendes und in einem die Protestation gegen das wirkliche Elend. Die Religion ist der Seufzer der bedrängten Kreatur, das Gemüth einer herzlosen Welt, wie sie der Geist geistloser Zustände ist. Sie ist das Opium des Volks(“La miseria religiosa es a la vez la expresión de la miseria real y la protesta contra la miseria real. La religión es el suspiro de la criatura oprimida, el sentimiento de un mundo sin corazón, así como el espíritu de una situación sin alma. Es el opio del pueblo”)

[3] Feuerbach, Sämtliche Werke, IV, 417 (Traducción al español de Manuel Cabada)

[4] Ibid., XII, 243

[5] Ibid.,, II, 388

[6] Ibid.,, VIII, 28 s.

[7] Feuerbach, Pensamientos sobre muerte e inmortalidad, p. 70

[8] Ibid., p. 81

[9] Feuerbach, Sämtliche Werke, 1959, VIII, 358

[10] Feuerbach, Pensamientos sobre muerte e inmortalidad, p. 191

[11] Ibid., p. 192

[12] Sus famosas tres cartas (la Carta a Heródoto, la Carta a Pítocles -que tal vez no fue escrita por Epicuro, sino por uno o varios discípulos suyos- y la Carta a Meneceo), sus Máximas capitales (40 aforismos), las Sentencias Vaticanas –Gnomologium Vaticanum– (81 aforismos descubiertos en 1888 en un manuscrito del siglo XIV) y algunos fragmentos

[13] Epicuro, Carta a Meneceo, en Vida de los filósofos ilustres de Diógenes Laercio, Libro X, 124, 125, pp. 560, 561

[14] Feuerbach, Pensamientos sobre muerte e inmortalidad, p. 229

[15] Ibid.,

[16] Ibid., p. 230

[17] Feuerbach, Sämtliche Werke, 1959, VII, 312

[18] Feuerbach, La esencia de la religión, p. 103

[19] Ibid., p. 104

[20] Ibid.,

[21] Ibid., p. 107

[22] Feuerbach, Sämtliche Werke, 1959, IX, 49

[23] Cabada, “La autorrealización o liberación humana como crítica de la religión en Feuerbach” en Filosofía de la religión, p. 293

[24] Feuerbach, Sämtliche Werke, 1959, VI, 65 s.

[25] Ibid., V, 214

[26] Feuerbach, “La esencia de la Fe según Lutero. Una contribución a La esencia del cristianismo“, en Escritos en torno a La esencia del cristianismo, p. 5

[27] Feuerbach, “Afirmaciones notables de Lutero con glosas”, en Escritos en torno a La esencia del cristianismo, p. 119

[28] Apuntes escritos en 1845 y publicados póstumamente en 1888 por Engels

[29] Marx, Tesis sobre Feuerbach, (Tesis VII), p. 428

[30] Ibid., (Tesis XI), p. 428

[31] Feuerbach, La esencia de la religión, p. 70

[32] Arroyo, Presentación de Feuerbach en Escritos en torno a La esencia del cristianismo, de Feuerbach (cubierta)

[33] Feuerbach, Sämtliche Werke, 1959, II, 410 s

 

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